Seok Pheng Lim, una inmigrante de Singapur, contó en una corte federal de Chicago el que parecía era el guion de una película policiaca. Relató cómo recibía de “mexicanos” desconocidos bolsas llenas de dinero en cafeterías y otros negocios de Nueva York.

Era el primer paso para lavar millones de dólares de los carteles del narcotráfico a través de importadoras de Chinatown. Lim describió que llegaba al lugar acordado con el número de teléfono del traficante y un billete de un dólar. El acercamiento inicial era un mensaje de texto preguntando qué traía puesto para identificarlo. “Hola, yo soy Karen”, lo saludaba en clave y le entregaba el billete.