Pocos se habrían imaginado que en este proceso de “bananización” de La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OECD), EE. UU. iba a terminar con un presidente (y uno que casi fue reelecto, y que a pesar de perder sacó más votos que Obama o Clinton cuando ellos ganaron).

Un factor común en la prensa norteamericana e internacional ante los eventos de ayer en Capitol Hill, donde un conjunto de personas trataron de detener el proceso de transición del poder en EE. UU., fue su sorpresa. Nunca había pasado algo así en los EE. UU.

Desde Washington, las transiciones de gobierno habían sido civilizadas. Eso era la mayor contribución de ese país a la civilización universal. Al margen de que eso sea realmente cierto, al norteamericano promedio le gusta pensar eso, y mirar con cierto desprecio cuando el tipo de eventos que pasó ayer en la capital de EE. UU. ocurre en otros países.