La conducta de buen demócrata del mandatario es también parte de su obra de gobierno en un país acostumbrado a la arrogancia y al abuso desde las élites políticas de casi todos los gobiernos.

La obra de un gobierno no es sólo física, constituida por grandes y majestuosas infraestructuras, sino que es también económica, social, cívica, cultural, moral y humana. Por esa razón, la reciedumbre de una conducta ejemplar en la que el hombre de Estado toma una decisión incuestionable frente a un hecho determinado, puede catapultarlo para pasar a la historia de una nación.