El cielo y el anillo ya no podían esperar más. Los Lakers tenían una deuda contraída desde el pasado 26 de enero y tras perder la primera oportunidad en el quinto encuentro, no podían volver a defraudar a la leyenda que les mira desde las alturas.

Heridos en su orgullo los angelinos salieron en modo apisonadora y terminaron arrollando (93-106) a los Miami Heat para conquistar el 17º anillo de la historia de la franquicia, igualando así a los Boston Celtics en la cima de la NBA. Un título que ponía el broche de oro a la temporada más difícil y extraña de la historia de la liga y de una franquicia que ha hecho de la tragedia su gasolina para acabar conquistando la gloria.