Desde tiempos ancestrales, los tatuajes siempre han sido un símbolo de distinción de aquel que se lo hacía. Antiguamente, marcaban desde delincuentes o aristócratas y hoy aparecen en el cuerpo de todos aquellos que quieren dejar una huella en su piel, con o sin significado, sin distinción.

Sin embargo, es una huella invasiva con el cuerpo y a pesar de que en el terreno de la higiene se ha avanzado desde que décadas atrás el VIH ruede entre los tatuados por el mal uso de las jeringas, no deja de estar libre de peligros.