El caso del atentado con ácido del diablo contra la joven Yocairi Amarante saca a la luz una tragedia que se vive diariamente en nuestro país: la unión de niñas y adolescentes con adultos.

Las campañas contra el matrimonio infantil y el proyecto de ley que pide el límite de edad de 18 años para poder casarse es un paso necesario, pero ni siquiera es suficiente.

Estas niñas, estas adolescentes, no se casan. Conviven con adultos a los que esa ley no llegaría. Es un lastre de la pobreza, de la ignorancia y de la desprotección de la niñez, que algunos esconden como “costumbres”, como “cultura en los campos” y otras excusas.