El planeta está paralizado. Lo que hace unos meses parecía un problema sanitario en una remota ciudad china se convirtió en una inédita crisis de salud que tiene al mundo en vilo. El covid-19, el virus que preocupa por su rápido contagio y que aún no tiene tratamiento, obligó a todos los países a reaccionar con premura para evitar que la situación escale y frenar una gran tragedia humanitaria. En unas pocas semanas, han llegado consecuencias mayúsculas: países aislados, miles de eventos suspendidos en todos los continentes y medios de comunicación colmados por un solo tema, el nuevo coronavirus. El engranaje social y económico, propio del proceso de globalización del siglo XX que permanece hasta hoy, tambalea por cuenta de un virus.

El asunto ha sacudido a todo el sistema. Las bolsas se desestabilizaron y algunas están en caída libre. El turismo también entró en sus horas más bajas. Lugares emblemáticos como Machu Picchu o las pirámides de Egipto, que reciben normalmente a miles de visitantes al día, se alinearon con las medidas de seguridad y cerraron sus puertas. Los supermercados, ante el pánico generalizado por un hipotético desabastecimiento, ahora muestran estantes vacíos. Ante la alerta mundial, lo que el capitalismo logró naturalizar se ha mostrado frágil, y algunos ya lo empiezan a considerar inviable. Fuente: Semana