Los médicos de un hospital de Estados Unidos trataban de diagnosticar a un hombre el año pasado que llegó a la sala de emergencias con síntomas más que terribles.

Sufría constantes dolores de cabeza y cuello, además de arcadas.

Se le realizó una tomografía computarizada, una prueba de orina, un control de la presión arterial y un examen físico, tras lo cual llegaron a una conclusión.

No había sido envenenado ni tenía una enfermedad misteriosa: había comido uno de los chiles más picantes del mundo.

Lo que causó el mal en este hombre fue el famoso “Carolina Reaper”, o Segador de Carolina, que es 275 veces más picante que el humilde jalapeño.

Este hombre lo consumió durante una competencia en la cual participaba.

Por fortuna para él, el estrechamiento de arterias cerebrales que experimentaba era reversible, por lo que el paciente se recuperó por completo.

Mientras este es un caso que puede considerarse extremo, millones, quizás miles de millones de personas en todo el mundo, comen alimentos picantes de forma habitual.