El inicio de la Semana Santa ha provocado un notable movimiento en calles, supermercados y terminales de transporte en todo el país. Miles de ciudadanos se preparan para salir de las ciudades hacia destinos turísticos o visitar a familiares en el interior. En supermercados y colmados se observan largas filas de personas comprando alimentos y bebidas, mientras en bancos y cajeros automáticos se registra un incremento en el retiro de dinero. De igual forma, estaciones de autobuses y carreteras comienzan a mostrar un aumento significativo del flujo de viajeros que buscan aprovechar los días de asueto.
Ante este escenario, las autoridades anunciaron un amplio operativo de seguridad que incluye miles de agentes desplegados en carreteras, playas y ríos, así como más de doscientas ambulancias ubicadas en puntos estratégicos del territorio nacional. El objetivo es prevenir accidentes y responder con rapidez ante cualquier emergencia durante uno de los períodos de mayor movilidad del año. El plan también contempla controles de tránsito, fiscalización de conductores y campañas de orientación para promover el respeto a las normas de circulación, especialmente los límites de velocidad establecidos en las carreteras.
Sin embargo, algunas de las medidas anunciadas han generado debate en la opinión pública. Entre ellas figura la prohibición temporal de la venta de bebidas alcohólicas durante el Viernes Santo y la restricción del tránsito de vehículos pesados en determinados horarios. Para algunos ciudadanos, estas disposiciones buscan reducir accidentes y preservar el carácter religioso de la fecha. Otros consideran que se trata de decisiones puntuales que no solucionan problemas estructurales como la falta de respeto a las leyes de tránsito. Mientras tanto, el país entra en uno de los períodos más vigilados del calendario nacional.