El programa Me Gusta de Noche presentó un segmento de cámara oculta en el que se simuló el hallazgo de una maleta con presunta droga, con el objetivo de observar la reacción de personas en la vía pública. En la dinámica, una actriz pedía a desconocidos que cuidaran el equipaje mientras se ausentaba brevemente. Posteriormente, actores caracterizados como agentes intervenían la escena, generando sorpresa y nerviosismo en quienes accedían a colaborar. El experimento social buscó evidenciar cómo la buena voluntad puede transformarse en una situación incómoda cuando surgen sospechas.
Las imágenes mostraron reacciones diversas, desde confusión y miedo hasta intentos de explicar la situación a los supuestos agentes. El segmento subrayó la importancia de la prudencia al aceptar encargos de personas desconocidas, especialmente cuando implican responsabilidad sobre objetos personales. Aunque el tono del programa es humorístico, la producción enfatizó un mensaje preventivo: la solidaridad no debe implicar exponerse a riesgos innecesarios.
Este tipo de contenido, frecuente en formatos de entretenimiento, suele generar debate sobre los límites éticos de las bromas televisivas y el impacto emocional en los participantes. Especialistas en comunicación señalan que, si bien estos segmentos pueden resultar divertidos para la audiencia, también deben considerar la seguridad y el consentimiento posterior de quienes son involucrados. El episodio dejó como reflexión la necesidad de actuar con cautela en situaciones cotidianas que puedan implicar responsabilidades legales o personales.