La investigación por el asesinato de Rosaidy Maite Gil Rivera, de 11 años, en Higüey, experimentó un giro decisivo con la confesión de Santos Cedano, un mecánico de 32 años conocido como Ángel. Según el parte policial, Cedano admitió haber violado y estrangulado a la menor tras pedirle que le comprara un refresco en un colmado cercano. Al regresar la niña con la bebida, la introdujo a su vivienda, la agredió sexualmente y la ahorcó. Fuentes oficiales indican que el crimen ocurrió porque la víctima supuestamente amenazó con denunciarlo ante sus familiares por un incidente previo. Inicialmente, las autoridades manejaban como sospechoso a un hombre procedente de Colombia, quien se presentó voluntariamente tras la detención de su esposa e hija, pero fue descartado al colaborar y aportar información clave sobre haber visto al mecánico con la menor.
Cedano también confesó haber solicitado ayuda a Miguel Ángel Espíritu Santo Núñez para ocultar el cadáver en cañaverales de La Otra Banda, donde fue hallado días después. Ambos fueron apresados mediante orden judicial y se les ocupó un vehículo y un teléfono celular utilizado para coordinar. El vocero policial desmintió versiones iniciales sobre puñaladas múltiples como causa de muerte, confirmando que la autopsia y evidencias apuntan a estrangulamiento tras la violación, sin referencias a heridas punzantes en la confesión oficial del imputado. La rápida acción policial permitió esclarecer el caso y evitar linchamientos comunitarios.
Este feminicidio ha profundizado la indignación en la sociedad dominicana, resaltando la necesidad de mayor protección a menores y vigilancia en entornos vecinales. Familiares y residentes realizaron vigilias exigiendo justicia pronta y ejemplar contra los responsables.