Una tensión inesperada se vivió en el programa matutino cuando un intercambio de opiniones derivó en un momento incómodo al aire. Durante la transmisión, Jomari Goyso expresó su análisis crítico sobre una presentación de baile realizada por Ana Patricia Gámez, señalando lo que interpretó como un error visible. La conductora, sin embargo, defendió con firmeza su desempeño y aclaró que no se trató de una falla técnica, sino de un inconveniente con el vestuario que alteró el desarrollo del número. El diálogo, marcado por interrupciones y tonos elevados, evidenció una diferencia clara entre la crítica televisiva y la vivencia directa de quien ejecuta la rutina.

El debate continuó mientras se apelaba a la llamada voz del público, concepto que fue cuestionado en vivo. Se subrayó que la opinión colectiva no es homogénea y que cada espectador interpreta los hechos desde su propia experiencia. La situación escaló cuando ambos defendieron su derecho a expresarse sin ser interrumpidos, generando una reacción inmediata en redes sociales. Para muchos televidentes, el cruce reflejó fallas en las técnicas de comunicación dentro de un espacio que suele promover cercanía y respeto entre colegas.

Posteriormente, Ana Patricia ofreció una disculpa pública, reconociendo que su tono pudo resultar ofensivo y asumiendo el episodio como aprendizaje personal. También pidió detener los ataques entre seguidores y recordó el esfuerzo humano detrás de cada producción televisiva. Desde Despierta América se enfatizó la importancia de crecer emocionalmente y aplicar mejores herramientas de diálogo. El episodio dejó una lección clara sobre responsabilidad mediática, manejo del desacuerdo y el impacto que una discusión en pantalla puede tener en audiencias diversas. El caso reavivó el debate sobre límites profesionales, sensibilidad artística, autocontrol en vivo, y la necesidad de contextualizar críticas para evitar malentendidos que trascienden la televisión y afectan reputaciones personales en espacios mediáticos contemporáneos actuales.