Vecinos de una residencial en Santo Domingo Oeste expresaron su incredulidad ante las acusaciones que pesan sobre Argenis Contreras González, señalado por el Ministerio Público como uno de los implicados en el rapto y asesinato del abogado y catedrático Yuniol Ramírez. Para quienes convivieron durante años con él, la versión oficial choca con la imagen cotidiana que tenían de un hombre descrito como solidario, cercano y siempre dispuesto a ayudar. Las reacciones reflejan el impacto emocional que el caso ha provocado en su entorno más próximo, donde la acusación resulta difícil de asimilar.

Según el expediente de la Fiscalía de Santo Domingo, Contreras González figura como brazo ejecutor del crimen. Sin embargo, residentes del sector aseguran no haber visto nunca comportamientos que lo vincularan con actos violentos o ilícitos. Algunos lo califican como “un hijo del barrio”, recordando su participación en actividades comunitarias y su apoyo a familias y niños de la zona. Testimonios recogidos coinciden en que era una persona alegre, trabajadora y respetada, lo que refuerza la sorpresa y el desconcierto ante su presunta participación en un hecho de tal gravedad.

Mientras la comunidad se debate entre la incredulidad y la tristeza, las autoridades mantienen activa su búsqueda. Contreras González fue declarado prófugo internacional y, de acuerdo con informaciones oficiales, su último paradero conocido se ubicó en Miami. El contraste entre la percepción vecinal y la acusación formal vuelve a poner en evidencia la complejidad del caso Ramírez, donde las emociones sociales, la presunción de inocencia y el avance de la investigación judicial se cruzan en un escenario de alta tensión pública y mediática.