La Comisión Nacional de los Derechos Humanos exhortó a la Iglesia de los Testigos de Jehová a permitir que sus miembros puedan recibir transfusiones sanguíneas cuando estos procedimientos sean necesarios para salvar la vida. El planteamiento fue realizado en medio de un debate nacional sobre los límites entre la libertad religiosa y el derecho fundamental a la salud, luego de varios casos médicos que han generado preocupación en la opinión pública.

Manuel María Mercedes, presidente de la entidad, afirmó que ninguna creencia puede situarse por encima del derecho a la vida, el cual definió como innegociable. Según explicó, existen prácticas religiosas que con el paso del tiempo han quedado desfasadas frente al desarrollo de la sociedad y la medicina moderna. Indicó que la fe no debe convertirse en un factor que exponga a una persona, especialmente a menores de edad, a riesgos que puedan derivar en consecuencias irreversibles.

En el mismo sentido, médicos consultados señalaron que su deber profesional es preservar la vida, aun cuando esto implique asumir responsabilidades legales. Destacaron que, ante una emergencia, ningún profesional de la salud puede permitir que un paciente muera si existe un procedimiento médico disponible. Como antecedente reciente, la sala civil del Tribunal de Niños, Niñas y Adolescentes de Santiago ordenó la realización de transfusiones sanguíneas a una bebé prematura, pese a la negativa de sus padres, miembros de los Testigos de Jehová. El caso reavivó el debate nacional sobre la intervención del Estado en situaciones donde la vida entra en conflicto con convicciones religiosas. Las autoridades informaron que se mantiene el diálogo abierto con representantes de la comunidad religiosa para escuchar su posición.