Una controversia por presunta discriminación racial sacudió el debate mediático tras revelarse que la esposa del salsero Raúlín Rosendo habría pedido evitar una fotografía con el músico Michel Buenon durante un encuentro en Nueva York. El comentario, atribuido a un rechazo por el origen haitiano del artista, provocó reacciones inmediatas en espacios de opinión pública. El comunicador Pablo Ross señaló que el episodio refleja prejuicios persistentes y falta de educación racial, subrayando que negar o suavizar identidades afrodescendientes sigue siendo una práctica común en comunidades latinas, incluso dentro del ámbito artístico actual y profundamente normalizada en debates culturales contemporáneos mediáticos.

Durante el análisis, Ross afirmó que Michel Buenon, de ascendencia dominico-haitiana, no debió negar públicamente su origen, aunque criticó su reacción airada. Recordó que el artista participó en proyectos musicales históricos y fue formado por referentes haitianos influyentes en la música dominicana. Para el comentarista, el problema trasciende lo individual y expone una industria que impulsa figuras sin preparación social, lanzadas desde contextos vulnerables a la fama, sin herramientas para manejar presión, identidad y responsabilidad pública. Este vacío estructural favorece conflictos, discursos erráticos y respuestas defensivas ante cuestionamientos legítimos que se amplifican rápidamente en medios y plataformas digitales actuales globales.

El caso reavivó el debate sobre racismo, memoria histórica y coherencia cultural, recordando aportes haitianos fundamentales al desarrollo musical dominicano. Ross llamó a crear una corriente de reivindicación dominico-haitiana que enfrente la ignorancia racial con educación y reconocimiento. Más allá del incidente puntual, la discusión evidenció contradicciones sociales entre discursos religiosos y prácticas excluyentes, dejando claro que la industria del entretenimiento debe asumir un rol activo en promover respeto, identidad y convivencia, evitando normalizar el odio bajo silencios cómplices. También plantea responsabilidades éticas para artistas, comunicadores y audiencias en contextos migratorios actuales marcados por tensiones sociales, políticas y económicas persistentes.