Más del 60 % de la población dominicana expresa su respaldo a la Marcha Verde, según encuestas recientes, consolidando este movimiento como una de las expresiones sociales más influyentes de los últimos años. El apoyo ciudadano refleja un fuerte deseo de cambio, transparencia y lucha contra la corrupción, en un contexto donde amplios sectores manifiestan cansancio ante la impunidad y el uso indebido de los recursos públicos. La Marcha Verde se mantiene como un símbolo de presión social y participación democrática.
Durante el programa Pa’ Lante con el Pueblo, se destacó que el respaldo popular no es casual, sino resultado de un sentimiento colectivo que atraviesa distintos estratos sociales. Comunicadores y panelistas coincidieron en que el movimiento logró conectar con la indignación de la ciudadanía, convirtiéndose en un espacio de reclamo legítimo. Sin embargo, también se señaló la necesidad de revisar su estructura interna, con el objetivo de preservar su credibilidad y evitar que figuras cuestionadas afecten la confianza construida.
Analistas consideran que el principal desafío de la Marcha Verde es fortalecer su coherencia ética, manteniendo el mismo nivel de exigencia tanto hacia el Estado como hacia quienes participan en su dirección. La ciudadanía, que ha otorgado un respaldo mayoritario, espera un movimiento firme, transparente y libre de contradicciones. En un escenario político marcado por la desconfianza, la permanencia del apoyo dependerá de la capacidad del colectivo para depurar prácticas, sostener su independencia y continuar representando el clamor social por un país más justo, institucional y comprometido con el bienestar común.