La noche televisiva inició con lluvias persistentes en el Distrito Nacional, tapones generalizados y retrasos cotidianos que sirvieron de antesala a un debate mediático de fondo. En el programa Esta Noche Mariasela, se abordó la suspensión de House of Cards, decisión anunciada por Netflix tras el escándalo que envolvió a Kevin Spacey. La pregunta lanzada al público fue directa: ¿alguien lamenta no volver a ver la serie? Más allá del apego narrativo, el caso reabrió discusiones sobre responsabilidad, poder y consecuencias en la industria del entretenimiento global contemporáneo.
El contexto del escándalo conecta con las denuncias que detonaron el caso Harvey Weinstein, cuyas acusaciones de acoso empoderaron a otras víctimas a romper silencios prolongados. En ese marco, Spacey pidió disculpas por un hecho ocurrido cuando la víctima tenía 14 años y, simultáneamente, reveló su homosexualidad. Este gesto fue criticado incluso por sectores de la comunidad LGBT, al considerar improcedente mezclar una confesión de identidad con una disculpa por una conducta indebida. La discusión expuso tensiones entre verdad personal, oportunismo mediático y daño colectivo, además de recordar cómo Hollywood ha usado históricamente el silencio, el clóset y la ambigüedad como mecanismos de encubrimiento.
La conversación giró luego hacia prioridades nacionales. Se citó un estudio que estima en unos 90 mil millones de pesos el gasto público desperdiciado en corrupción y prácticas irregulares. En ese contexto, Oxfam impulsa una campaña para destinar el 1% del PIB, durante diez años, a garantizar viviendas dignas al 71% de los dominicanos que hoy no las tienen. El contraste fue claro: mientras el mundo debate escándalos de celebridades, el país enfrenta urgencias estructurales que requieren decisiones políticas concretas, sostenidas y medibles.