La ciudad de Las Vegas fue escenario de una de las tragedias más graves registradas en la historia reciente de Estados Unidos, luego de que un hombre armado abriera fuego contra una multitud durante un concierto al aire libre. El ataque dejó al menos 58 personas fallecidas y más de 500 heridas, en un hecho que estremeció tanto a la nación norteamericana como a la comunidad internacional. Las víctimas asistían a un evento musical al que acudieron más de 30 000 personas, en lo que debía ser una noche de entretenimiento y celebración.

El agresor fue identificado como Stephen Paddock, un hombre de 64 años, pensionado, que se hospedaba en el piso 32 de un hotel de lujo cercano al lugar del concierto. Desde allí disparó con armas de largo alcance que, según las autoridades, superaban la quincena. Familiares y conocidos afirmaron que no mostraba comportamientos violentos evidentes, lo que ha generado mayor inquietud sobre los factores psicológicos y sociales que rodean este tipo de crímenes. El ataque fue catalogado como la mayor masacre perpetrada por una sola persona con armas de fuego en territorio estadounidense.

El hecho reavivó el debate sobre la regulación del porte y tenencia de armas en Estados Unidos. Pese a tragedias previas como las ocurridas en Orlando y otras ciudades, el país continúa enfrentando una fuerte resistencia política y económica para modificar sus leyes. La masacre de Las Vegas vuelve a colocar en el centro la discusión sobre seguridad pública, turismo y derechos civiles, mientras crece la preocupación ciudadana ante la sensación de vulnerabilidad en espacios públicos destinados al ocio y la convivencia.