El más reciente comentario de Juan Lamur expuso un caso de violencia extrema ocurrido durante el fin de semana, que volvió a sacudir la opinión pública. Según los datos divulgados, Alberto Molina Losada, de 45 años, asesinó a su pareja sentimental, Victoria Pamela Barranco, de 30, y posteriormente se quitó la vida. Ambos mantenían una relación iniciada tras la contratación de la joven como secretaria, apenas dos meses antes del hecho. El agresor, viudo desde hacía un año, buscaba rehacer su vida afectiva; ante obstáculos percibidos, optó por una salida fatal. El caso fue abordado en Teleuniverso al Día como un ejemplo de riesgos sociales recurrentes.
Lamur centró su análisis en la llamada “mezcla mortal” entre trabajo y relaciones sentimentales. Señaló que la cercanía laboral puede derivar en dependencias, conflictos de poder y expectativas desiguales que, cuando se rompen, escalan en violencia. Advirtió que estas dinámicas se repiten con frecuencia —jefe y secretaria, compañeros de trabajo— y que el desenlace suele ser perjudicial para ambas partes. La recomendación fue clara: separar ámbitos y buscar vínculos fuera del entorno laboral para reducir tensiones y riesgos, especialmente cuando existen duelos recientes, asimetrías de edad o jerarquía.
El comentario también subrayó la necesidad de prudencia en el inicio de relaciones íntimas. Dar tiempo para conocer al otro —no por moralidad, sino por juicio— permite identificar señales de obsesión, celos patológicos o trastornos de personalidad que no afloran de inmediato. Lamur advirtió sobre la idealización acelerada y la confusión entre deseo y vínculo afectivo, factores que pueden nublar decisiones. La lección final apuntó a la prevención: educación emocional, límites claros y atención temprana a conductas de control. Sin estos elementos, tragedias como esta se repiten, cobrando vidas y dejando secuelas evitables.