Tras un período alejado de los focos mediáticos, Romeo Santos regresó con una fuerza que reafirma su estatus como figura central de la música latina. El artista volvió a escena con un nuevo álbum, una estatua de cera en su honor y un gesto simbólico de alto impacto: la iluminación del icónico Empire State Building de Nueva York. El retorno no fue estridente ni improvisado, sino cuidadosamente medido, con elegancia y sentido estratégico, consolidando una etapa que muchos ya califican como una auténtica “fiesta de oro” en su carrera.

El llamado Rey de la Bachata también celebró recientemente su cumpleaños, rodeado de reconocimiento y homenajes, aunque fiel a su estilo, dejó ver un perfil personal sobrio y distante del exceso. En entrevistas recientes, Santos confesó que valora más los regalos con carga sentimental que los lujos materiales, reconociendo que no suele recibir obsequios, pero aprecia profundamente aquellos que tienen significado emocional. Asimismo, se describió como una persona sencilla en su vida cotidiana, alejada de la imagen del artista obsesionado con la apariencia, y negó considerarse metrosexual, afirmando que fuera del trabajo prefiere la comodidad y la discreción.

En el plano íntimo, Romeo habló con naturalidad sobre su relación de más de una década y su visión del amor, dejando claro que no siente presión por el matrimonio, aunque sí contempla la posibilidad de tener más hijos en el futuro. Entre sus pasatiempos destacó el cine, las series, el baloncesto y su especial conexión con el mar, disfrutando de escapadas náuticas sin aspirar necesariamente a poseer grandes bienes como yates o aviones privados. Con este regreso, Romeo Santos no solo reafirma su vigencia artística, sino que proyecta una imagen madura, auténtica y coherente con el lugar que ocupa en la industria musical.