El programa Mujeres al Borde abrió un debate nacional sobre la educación sexual, el rol familiar y la violencia que afecta a adolescentes. A partir del caso de Emely Peguero, el análisis expuso carencias estructurales y silencios persistentes en hogares vulnerables y no vulnerables.
Especialistas subrayaron que la falta de educación sexual temprana limita la autonomía corporal y aumenta riesgos evitables. También señalaron relaciones desiguales normalizadas por pobreza, poder y género, donde decisiones adultas anulan la voluntad de niñas y adolescentes.
El enfoque concluyó en la corresponsabilidad: escuela y hogar deben educar, pero la familia marca el modelo. Promover respeto, límites, autocuidado y nuevas masculinidades es urgente para cambiar patrones que reproducen violencia.