Un grupo de opinadores lanzó duras críticas contra Carlos Amarante Baret tras circular comentarios y señalamientos sobre su comportamiento reciente, descrito de forma despectiva en espacios de opinión. Las expresiones surgieron en un contexto mediático cargado de confrontación verbal, donde se mezclaron ataques personales, referencias a hechos pasados y cuestionamientos sobre su trayectoria política. La controversia se amplificó por el tono incendiario de los mensajes, que incluyeron acusaciones directas y calificativos ofensivos, generando debate sobre los límites del discurso público y la responsabilidad de quienes participan en programas de opinión.
En medio de la arremetida, uno de los discursos más repetidos fue la defensa de la juventud dominicana. Los comentaristas rechazaron la narrativa que vincula de forma generalizada a los jóvenes con delincuencia, drogas o desorden social. Sostuvieron que, contrariamente a esa imagen, la mayoría de los jóvenes del país se encuentra actualmente en escuelas y universidades, tanto públicas como privadas, preparándose académicamente para enfrentar los desafíos del futuro. Este argumento fue utilizado para contraponer la idea de una juventud perdida con la de una generación activa, enfocada en la formación profesional y en la movilidad social.
El debate derivó luego hacia una crítica más amplia al sistema político tradicional. Los opinadores recordaron la época en que los clubes barriales funcionaban como espacios de formación social y política, señalando que de allí emergieron numerosos líderes que, con el tiempo, terminaron envueltos en prácticas cuestionadas. En ese marco, se mencionó a Amarante Baret como ejemplo de figuras que, según los críticos, se “dañaron en el camino”. La discusión cerró con fuertes reproches al clientelismo y a la manipulación política, dejando en evidencia un profundo desencanto con sectores de la dirigencia y una demanda clara de coherencia y responsabilidad pública.