Un intenso debate se generó en medios y redes sociales tras comentarios públicos que cuestionan la gestión del Ministerio de la Mujer y plantean, en tono provocador, la posibilidad de que una figura mediática como Mía Cepeda asuma esa posición. Las declaraciones incluyeron críticas directas al presidente de la República, señalando que existen funcionarios que no aportan resultados y que, lejos de fortalecer las instituciones, las debilitan. En contraste, se resaltó que algunas personalidades, provenientes de los medios de comunicación, han logrado reconocimiento por su trabajo, disciplina y cercanía con causas sociales, lo que reavivó la discusión sobre meritocracia y perfil profesional en la función pública.

El planteamiento, difundido ampliamente en plataformas digitales, abrió interrogantes sobre los requisitos legales y el marco institucional que rige el Ministerio de la Mujer. Analistas y ciudadanos se preguntan si una figura mediática podría cumplir con el organigrama, las responsabilidades técnicas y la ley que estructura esa cartera. Mientras algunos interpretan el comentario como una sátira política, otros lo consideran una crítica legítima al desempeño institucional y a la necesidad de revisar la efectividad de determinadas gestiones. La controversia se amplificó con reacciones divididas, memes y opiniones que reflejan el clima de polarización actual.

En paralelo, el espacio dio paso a una reflexión más profunda sobre el uso de las redes sociales y la pérdida de valores en la sociedad. Se denunció cómo la desgracia ajena se convierte en contenido viral, desplazando la empatía, el respeto a la vida y la solidaridad. El señalamiento apunta a una cultura digital que prioriza visualizaciones sobre humanidad, donde la violencia y la miseria se transforman en espectáculo. Este llamado a la conciencia colectiva cerró el debate, subrayando la urgencia de replantear tanto el rol de las instituciones como la responsabilidad social de los medios y de los ciudadanos en el entorno digital.