El trabajo periodístico de Daida Sena reveló que, tras la muerte del adolescente Fernely Carrión Saviñón, de 16 años, existieron intentos de limitar la difusión de información sensible sobre el caso. No obstante, dichos intentos no prosperaron y la investigación continuó su curso, con la intervención directa de la Policía Nacional, que procedió al arresto del imputado dentro de una parroquia.

Fuentes de entero crédito indicaron que, durante las primeras horas, ni el Ministerio Público ni la Policía ofrecieron detalles oficiales, presuntamente a solicitud de la Iglesia Católica, mientras se procesaban los hechos. Aun así, el arresto inmediato del sacerdote y el comunicado institucional de la Iglesia fueron valorados como una de las actuaciones más responsables asumidas por esa institución en casos de abuso, al desvincular al acusado y dejar el proceso en manos de la justicia.

Las versiones recopiladas por familiares y vecinos señalan una relación abusiva prolongada, marcada por celos, manipulación y amenazas. Según la investigación preliminar, el menor habría sido agredido brutalmente y posteriormente abandonado sin vida en unos terrenos baldíos. El caso ha reabierto un debate nacional sobre la vulnerabilidad de los menores, la confianza histórica depositada en figuras religiosas y la necesidad de romper definitivamente con el silencio que durante décadas protegió este tipo de crímenes.