El ex sheriff Joe Arpaio reiteró que nunca se ha arrepentido de sus acciones durante su gestión en el condado de Maricopa, Arizona. En una de sus últimas entrevistas antes de perder el cargo, negó haber actuado por odio o discriminación racial contra inmigrantes hispanos.
Entre 2007 y 2010, su oficina fue responsable de la deportación o salida forzosa de unos 26 000 inmigrantes, una cifra significativa a nivel nacional. Estas prácticas generaron temor en comunidades latinas y motivaron investigaciones del Departamento de Justicia, que lo acusó de discriminación racial sistemática.
Arpaio rechazó esas acusaciones y afirmó que solo cumplía la ley con facultades otorgadas por el propio gobierno federal. Sostuvo que, si existen fallas, deben corregirse desde el Congreso, y defendió su postura como una aplicación estricta del marco legal vigente.