Arvey-Benavides-Massiel-Santana-Claudio-Pacheco-y-Cabral-de-la-TorreSanto Domingo, D. N. (29 de Septiembre, 2015). “La Galería” del Hotel Crowne Plaza Santo Domingo inauguró la Exposición “Un Quijote Caribeño” del Artista Plástico, Claudio Pacheco, quien describe las andanzas, las luchas y las pasiones del Hidalgo Don Quijote de la Mancha en cada una de sus obras.


El Director de Mercadeo y Ventas, Exmin Carvajal, expresó que la propuesta tiene como fin dar seguimiento al Calendario Cultural del Proyecto “La Galería”, “Queremos ofrecer la oportunidad de promocionar el Arte y la Cultura en sus diversas manifestaciones, colores y temas por lo que hemos desarrollado a través de los años este programa de Responsabilidad Social Corporativa, proyecto se ha convertido en uno de nuestros designios más gratificantes.” Valoró en sus palabras de bienvenida.


“Un Quijote Caribeño”, trae como novedad en su propuesta visual ubicar al Hidalgo en una flora tropical utilizando una gran variedad de colores y poniendo de manifiesto la cultura cibaeña.
Las piezas estarán expuestas por un período de 3 meses en el espacio de “La Galería” del Hotel Crowne Plaza Santo Domingo abierta al público general.


Crítica


“Hace cuatrocientos años las letras universales ignoraban que unas líneas impávidas, escritas desde la cárcel, cruzarían los mares apenas navegados para ser una obra inmortal. Esas líneas trazadas por Miguel de Cervantes Saavedra en 1605 constituyen hoy día la cima de la novelística escrita en lengua española, describiendo las andanzas, las luchas y las pasiones del Hidalgo Don Quijote de la Mancha.


En cuatrocientos años el Quijote no ha dejado de cabalgar. Las herraduras de su rocinante han pisado sin cesar los cinco continentes, bañándose varias veces en las aguas de un Caribe insular, intimo, borracho de espumas, de sol y de palmeras que bailan al viento. En esta ínsula, las huellas de su andar son profundas y esporádicas; mas que recogerse en palabras, el Quijote es para el isleño una imagen, una estampa vivida, una escritura visual que cada cual interpreta a sus tonos. En este sentido, el inconfundible Eligio Pichardo apega sus visiones de los años 1950 al clásico este sentido, el inconfundible Eligio Pichardo apega sus visiones de los años 1950 al clásico ica para escolares.


Otro pintor es Orlando Menicucci, quien esquematiza en blanco lo esencial de la figura: un esqueleto, definido por arena, que empuña un gladio en actitud desafiante hacia la luna roja; mientras el Quijote del maestro José Cestero asume la libertad de líneas sueltas en azules para visualizarlo, unas veces cabalgando por la ciudad colonial capitalina y otras encarnado por el mismo pintor, situado en su “taller surrealista”; se trata de un autorretrato definido por la estampa quijotesca en su figura.


A Cestero, Menicucci y Pichardo se suma, entre otros, Claudio Pacheco, quien precisamente concibe un discurso titulado “Quijote Caribeño”, cuatrocientos años después. Oriundo de Santiago, se forma en la escuela local de Bellas Artes, teniendo como profesores a Jacinto Domínguez y a Cuquito Peña. De ellos aprende el limpio alfabeto cromático de su discurso, adscrito a la escuela provincial. Sus estudios en Altos de Chavón amplían su destreza, expresada en la conceptualización temática que le hacen popular en su abundante y reiterativo asunto de la marchanta, un motivo costumbrista que le sirve de plataforma para el dominio esquematizado de figuras humanas, flora y animales.


A principio del presente siglo aborda el paisaje donde el palmar y la cordillera resultan batidos por los aires de un gigantesco molino arbitrariamente multicolor. Este paisaje preludia la llegada del Quijote al Cibao del pintor Pacheco; paisaje abrupto, rítmico, suturado de color y sin embargo limpio en esas estampas surrealistas que tienen además como protagonista al hidalgo caballero cervantino, a su fiel acompañante Sancho y al rojizo sol que es un sujeto calladamente presente.


Claudio Pacheco, más que asumirse Quijote, revive el lenguaje cervantino y reescribe facetas episódicas de una referencia, traduciéndola en visiones locales. La novedad en su propuesta visual es precisamente ubicar al hidalgo en una flora tropical. ¿Hacia dónde va el Quijote de Pacheco?.


Sabemos que ha venido porque primero fue el paisaje y luego el tránsito del singular personaje, imponiéndose como símbolo tipificado de criollismo. El sombrero de cana y el machete al cinto denotan la traducción cibaeña en una trayectoria que va desde una naturaleza suturada de elementos y cromatismo hasta un caserío eminentemente rural. Pacheco puntualiza el localismo cibaeño asociando su protagonismo con las señales mas obvias de Santiago en un cuadro de gran formato.


En la escritura pictórica de Claudio Pacheco se aprecian lenguajes revisados como el impresionismo en raptos que sobreponen el color y el sentimiento a la forma. Se trata de expresar sensaciones que además evidencian sintonía expresionista y su realidad en unas cayenas que se convierten en aspas de molino y que flotan libremente sobre el color.


En esto último, las gamas cromáticas hacen gala de equilibrio en la estridencia y la cadencia compositiva. El Quijote seguirá cabalgando. Pacheco lo sabe. Por eso lo ha detenido a ratos en esta geografía que nos resulta cercana.


Danilo de los Santos
Miembro de AICA/ADCA


Perfil Claudio Pacheco
Nació en Santiago de los Caballeros, en junio de 1959 y realizó sus estudios artísticos en la Escuela de Bellas Artes de Santiago, donde recibió clases de los grandes maestros: Cuquito Peña y Jacinto Domínguez (1979).


Luego entra a la Escuela de Altos de Chavón donde obtiene el título de Técnico Bellas Artes e Ilustración (1984 al 1986).Para el año 2003 realiza un Diplomado de Gestión Cultural; Secretaría de Estado de Cultura, a través de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) y el Ministerio de Cultura de Cuba.


Sus obras forman parte de numerosas colecciones privadas, tanto nacionales como internacionales, así como también presentada en lugares públicos.