Papa


El papa Francisco expuso hoy a los participantes del Sínodo de Obispos sobre la familia, que se celebra en el Vaticano, “la necesidad de caminar juntos” y abogó por “una Iglesia de la escucha” en la que “cada uno tiene algo que aprender”.


“Una Iglesia sinodal es una Iglesia de la escucha, con la conciencia que escuchar es más que oír. Es una escucha recíproca en la cual cada uno tiene algo que aprender. Pueblo fiel, Colegio Episcopal, obispo de Roma: uno en escucha de los otros; y todos en escucha del Espíritu Santo”, afirmó el papa.


Jorge Bergoglio hizo estas reflexiones durante su discurso ofrecido a los participantes de la Asamblea general ordinaria sobre la familia, que hoy conmemoraba los 50 años de la instauración del Sínodo de los Obispos.


Francisco subrayó “la necesidad y la belleza de caminar juntos” y recordó de manera especial al beato Pablo VI, que instituyó el Sínodo, pero también al santo San Juan Pablo II y al papa emérito Benedicto XVI por el impulso que dieron al organismo sinodal.


“El mundo en el que vivimos, y que estamos llamados a amar y servir también en sus contradicciones, exige de la Iglesia el potenciamiento de las sinergias en todos los ámbitos de su misión. Precisamente el camino de la sinodalidad es el camino que Dios espera de la Iglesia del tercer milenio”, dijo.


Una necesidad, la de “caminar juntos”, que es “un concepto fácil de expresar con palabras, pero no es tan fácil ponerlo en práctica”, y que también atañe al papa, tal y como señaló Bergoglio.


“El camino sinodal culmina en la escucha del obispo de Roma, llamado a pronunciarse como ‘pastor y doctor de todos los cristianos’: no a partir de sus convicciones personales, sino como (…) garante de la obediencia y de la conformidad de la Iglesia a la voluntad de Dios, al Evangelio de Cristo y a la tradición de la Iglesia”, apuntó.


Y puso el acento en que el papa “es por voluntad del Señor, ‘el perpetuo y visible principio y fundamento de la unidad tanto de obispos cuanto de la multitud de los fieles'”, unas reflexiones que provocaron un aplauso de los participantes.


Finalmente, Bergoglio concluyó su discurso al afirmar que “no es oportuno que el papa sustituya a los episcopados locales en el discernimiento de todas las problemáticas que se plantean en sus territorios” y advirtió de “la necesidad de proceder a una saludable descentralización”.