Papa


El papa Francisco declaró el domingo que “Hoy es tiempo de misericordia”, al clausurar con una misa un histórico encuentro de obispos que, por un solo voto, aprobaron una importante nueva directriz que da la bienvenida a la Iglesia a católicos divorciados y casados de nuevo por lo civil.


El respaldo del sínodo al llamado del papa para una Iglesia más misericordiosa y menos crítica fue una clara victoria de Francisco y los prelados progresistas, quienes han estado buscando margen de maniobra en las enseñanzas de la Iglesia para permitir que estos católicos casados en segundas nupcias puedan recibir la comunión.


Los conservadores se habían opuesto, citando la doctrina de la Iglesia, pero no pudieron reunir los votos necesarios para bloquear la aprobación del documento final.


Con la jerarquía eclesiástica fuertemente dividida ante él mismo en la Basílica de San Pedro el domingo, Francisco apuntó veladamente a aquellos en la Iglesia que ponen más importancia a la doctrina y la ley que en la misericordia y el perdón de Dios.


Les advirtió del riesgo de “llegar a ser habitualmente impasibles ante la gracia”, de darle la espalda a los niños más heridos de Dios y de aplicar una “ilusión espiritual” que no les permite ver la realidad de su rebaño frente a sus ojos y responder ante ella.


“Una fe que no sabe cómo afianzarse en la vida de la gente sigue siendo árida y, en lugar de los oasis, crea otros desiertos”, dijo. Agregó que los momentos de sufrimiento y conflicto son, precisamente, las ocasiones para que Dios muestre misericordia.


“¡Hoy es un tiempo de misericordia!”, recalcó.


Sin alterar la doctrina, el sínodo de 275 obispos aprobó el sábado un documento final de 94 puntos que respalda la petición del papa de responder mejor a las necesidades actuales de las familias católicas.


El texto abarca muchas cuestiones —migración, pobreza, familias monoparentales y poligamia— pero la parte más controvertida del documento tuvo que ver con el hecho de si los católicos vueltos a casar civilmente pueden recibir la comunión.


La Iglesia ha enseñado que sin una anulación, estos católicos están esencialmente cometiendo adulterio y no pueden recibir la comunión.


Aunque el documento no traza ninguna ruta específica para recibir los sacramentos como buscaban en un principio los prelados más liberales —y ni siquiera menciona la palabra comunión_, abre la puerta a excepciones en casos concretos, citando el criterio y la conciencia individual en una dirección espiritual.


El párrafo clave, el 85, dice que es necesario un enfoque caso por caso cuando se trata de los casos de los vueltos a casar, en vista de que no todo el mundo tiene la misma responsabilidad por el divorcio anterior. Ese párrafo fue aprobado con sólo un voto más de la mayoría necesaria, de dos tercios.


Su aprobación le dio a Francisco el margen de maniobra que necesita si quiere presionar más por el tema en un documento futuro de su propia mano. El cardenal alemán Reinhard Marx, quien encabezó la iniciativa teológica alemana que fue decisiva para conseguir la mayoría, dijo que esperaba que Francisco abordará el asunto durante el próximo Año Jubilar de la Misericordia, que comienza el 8 de diciembre.


En declaraciones a miles de personas en la Plaza de San Pedro después de la misa del domingo, Francisco recordó que la palabra “sínodo” significa “caminar juntos”, un concepto clave para el papa, que ha llamado a la Iglesia a caminar con los fieles y acompañarlos a través de los altibajos de la vida.