Obama


Ocho días después del ataque a tiros que dejó 10 muertos en una universidad de Oregon (oeste), el presidente de Estados Unidos Barack Obama se reunió el viernes con las familias de las víctimas, en una jornada en la que se registraron nuevos tiroteos que dejaron dos fallecidos y cuatro heridos.


“Vamos a tener que reaccionar juntos, como país, pero hoy se trata de las familias”, dijo el presidente tras haberse reunido durante una hora con los deudos del ataque en una universidad de Roseburg, Oregon.


Cientos de personas se habían dado cita en el aeropuerto de Roseburg para recibir al mandatario, pero mientras algunos lo saludaron con carteles de “Bienvenido Obama” otros enarbolaron pancartas criticándolo (”Obama se equivoca”).


El mandatario multiplicó sus alegatos en favor de controles más estrictos a las armas de fuego luego que un joven de 26 años matara a tiros a nueve personas en el Umpqua Community College de Roseburg, antes de suicidarse.


El portavoz de la Casa Blanca Josh Earnest dijo antes de la visita que el presidente quiso “pasar un tiempo con las familias de las víctimas de esta terrible tragedia”, pero el padre de una niña que resultó herida en el ataque y sobrevivió acusó a Obama de politizar la tragedia y dijo esta semana que había declinado una invitación para reunirse con él.


Habitantes de la ciudad crearon un grupo en Facebook llamado “No venga a Roseburg”, que el viernes contaba con más de 2.000 integrantes.


David Jaques, jefe de redacción del diario local The Roseburg Beacon, afirmó esta semana que Obama no sería bienvenido en la ciudad y estimó que el presidente pretendía sacar rédito político a su visita.


La ciudad de Roseburg debió emitir un comunicado el martes diciendo que ese tipo de comentarios no representaba a la comunidad en su conjunto y que el Presidente recibiría una cálida bienvenida.


Unas horas después del tiroteo, el 1 de octubre, el Obama había expresado, en términos muy duros y directos, su emoción y su rabia, al acusar al Congreso de no haber hecho nada para frenar este tipo de ataques.


“Esto se ha convertido en una rutina”, dijo, y volvió a destacar la necesidad de una reforma de las leyes para controlar el porte y la venta de armas de fuego, como lo ha hecho en 15 ocasiones desde su llegada al gobierno, en 2009.


“Voy a (…) politizar este tema porque la inacción (del Congreso) es una decisión política”, dijo el 2 de octubre durante una rueda de prensa.