Redes


Unos años atrás era impensable que un mensaje o comentario difundido a través de internet de forma escrita o a través de un video pudiera prácticamente movilizar a los sectores más importantes del país en menos de 24 horas. Hoy, debido a las redes sociales, podemos ver como una persona desconocida logra que importantes grupos se organicen y luchen por su causa sin siquiera haber tenido contacto personal con ella y también se dan casos en que estas herramientas actúan negativamente y perjudican de una manera irreversible a figuras, entidades y hasta a gobiernos.


Ejemplos de la situación sobran, pero los más recientes son la destitución del gobernador de la provincia El Seibo, tras darse a conocer un video porno que éste filmó con una joven con la cual mantiene o mantenía una relación sexual y el del caso del raso de la Policía, quien colgó un video en internet en el cual externaba su queja por los bajos salarios que reciben los agentes de la institución. En el segundo ejemplo en pocas horas se armó un revuelo tal en el país que incluyó el apresamiento de Daurin Muñoz, que así se llama el agente, y su posterior liberación, tras el apoyo recibido a través de las redes sociales, que luego se extendió a otros sectores de la sociedad civil y medios de comunicación. Asimismo, provocó que el asunto llegara a los tribunales con un recurso de amparo preventivo que buscaba que la institución del orden, que había advertido que esa acción “tendría consecuencias”, no lo sacara de sus filas. La presión obligó, además, al Gobierno a referirse al tema cuando el director de Presupuesto, Luis Reyes Santos, dijo que no existían condiciones para un incremento salarial para los policías en el 2016, debido a que ello “crearía un déficit fiscal”.


El caso de Daurin, así como el del gobernador de El Seibo, Jesús Rafael Mejía, quien fue destituido por el presidente Danilo Medina a través de un decreto un día después de que se tuvo noticia del video y su circulación en el ciberespacio, mueve obligatoriamente a un análisis que conlleva a preguntarse sobre el real poder y trascendencia que están tomando las redes sociales, las cuales en sus inicios surgieron como un instrumento aparentemente inocente para “compartir” informaciones, fotografías y videos con amigos y familiares que estaban distantes. Pero a medida que ha pasado el tiempo éstas han cobrado un dominio tal que en cuestión de horas acaban con una reputación, fuerzan renuncias o provocan destituciones de funcionarios o gerentes de empresas reconocidas. También convierten en un héroe a una persona anónima.


El alcance y popularidad de Facebook, Twitter, Instagram y YouTube, cuatro de las redes más usadas en el país y a nivel mundial, es aprovechado por políticos, instituciones públicas y privadas y hasta por los propios gobiernos, que las utilizan para comunicar informaciones o fijar posiciones sobre algún tema en particular. ¿Pero hasta dónde es beneficioso o perjudicial la situación que se da con estos instrumentos de comunicación online? ¿Realmente son tan poderosos como los percibe y vende la sociedad civil?, grupo que ha hecho de ellos su instrumento favorito de lucha, pues a través de las redes presionan a los gobiernos a actuar en determinada dirección, ayudándose de figuras públicas. Muchas veces, las autoridades han cedido a las peticiones de ciertos grupos, ante la crisis de imagen que le genera la avalancha de críticas que reciben a través de los contenidos difundidos en las redes, los cuales se vuelven virales en horas.


Sobre el particular, el politólogo y experto en políticas públicas de seguridad ciudadana Daniel Pou Suazo señala que las redes sociales en este tiempo se han convertido “en el otro mundo, la otra dimensión de la vida del ciudadano”, que las utiliza, sobre todo la clase media, con mucho éxito y poder, no tanto como en otros países que han provocado cambios tan significativos como el fenómeno de la llamada “primavera árabe”, el cual cambió políticamente a Túnez, donde se desmontó un aparato represivo de más de 50 años.