boveda


La entrada semejante a una joya, la cual brilla en medio de la penumbra gris del otoño en el Ártico, sobresale de la nieve y el hielo. Construida de concreto angular, parece la guarida de un elegante supervillano.


Sin embargo, esta no es una guarida del chico malo de una película de James Bond. En cambio, es el hogar de algo que podría salvar al mundo ante una catástrofe ambiental: semillas.


Millones y millones de semillas están almacenadas aquí, muy por debajo del gélido permafrost de las islas Svalbard, a medio camino entre Noruega y el Polo Norte, y lejos del peligro de las guerras y aumento de los niveles del mar.


“Esta bóveda fue construida para que la humanidad pueda sobrevivir”, explica Michael Koch, de Crop Trust, mientras nos lleva a lo largo de un túnel hacia la Bóveda Global de Semillas.


Svalbard fue elegido para albergar la bóveda porque es geológicamente estable y porque, a pesar de su lejanía, los vuelos regulares hacia el lugar hacen que sea relativamente accesible.


“Es como un lugar sagrado”, dice Koch, de pie en el vasto espacio, esculpido en la ladera de una montaña. “Cada vez que vengo aquí, siento como si estuviera en una catedral. Este es un lugar para hacer una pausa y reflexionar. Es un lugar único, un lugar muy importante para la humanidad”.