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El horror de la guerra civil de Siria es familiar para la mayoría, gracias a las imágenes espantosas de muerte y destrucción —y recientemente, de los refugiados que huyen— que han aparecido en nuestras pantallas.


Sin embargo, los efectos alarmantes del conflicto han llegado mucho más allá de las devastadas carreteras de Siria y de los campamentos aglomerados donde se amontonan sus refugiados; estos han llegado a los lugares más improbables: muy por debajo de la tundra congelada de una isla del Ártico.


La Bóveda del fin del mundo, un tipo de Arca de Noé agrícola, conserva una semilla de casi cada cosecha conocida del mundo dentro de una bóveda congelada en la isla noruega de Svalbard.


La bóveda solo puede ser abierta en caso de un acontecimiento catastrófico, como inundación o sequía, que podría amenazar un cultivo con la extinción, según Brian Lainoff, portavoz de Crop Trust, uno de los administradores internacionales de la bóveda.


Ninguna semilla ha sido retirada nunca, según Lainoff, pero la guerra civil de Siria ha causado tal caos que dio lugar a que los guardianes de la llamada “Bóveda del fin del mundo” dieran la alerta del fin del mundo.


“Simplemente no sabemos qué va a pasar”, dijo Lainoff sobre el Centro Internacional para las Investigaciones Agrícolas en las Zonas Áridas con sede en Siria, uno de los 11 bancos mundiales de semillas de Crop Trust. “En cualquier momento podrían atacar las instalaciones”, dijo.


El banco de genes de ICARDA en Alepo, Siria, incluye más de 135.000 variedades de cultivos de trigo, granos de haba, lentejas y garbanzo, así como la colección de cebada más valiosa del mundo, de acuerdo a Lainoff.


Para el 2012, dijo Lainoff, “se había vuelto cada vez más difícil operar” en Alepo, así que el personal internacional de ICARDA —el cual a lo largo de los años ha desarrollado exitosamente nuevas variedades de trigo resistente a las sequías y al calor— huyó del país, dejando atrás el centro y su inventario de fundamental importancia.


Tres años después, sin ninguna señal de mejoría en las condiciones de Siria, es hora de cobrar —o tal vez más apropiadamente, descongelar— su póliza de seguro.


Los científicos de ICARDA necesitan las semillas de Noruega para poder plantarlas y regenerarlas en los complejos del Líbano y Marruecos. Con esas nuevas semillas, ellos podrán continuar con las importantes investigaciones que han estado haciendo durante décadas. Ellos reemplazarán lo que tenían en el hielo en Noruega con algunas de las semillas recién generadas.


Lainoff no pudo decir cuántas de las 116.484 variedades que actualmente se encuentran en el interior de la bóveda de Svalbard, a menos de 18 grados Celsius, serán retiradas y trasladadas a las instalaciones del ICARDA en el Líbano y Marruecos, o cuando —o cómo— se llevaría a cabo.


Aún se está trabajando en esa logística, dijo.


Después de todo, se puede esperar un par de incógnitas cuando se trata de evitar un escenario apocalíptico.