Apoyo Para Madres Jóvenes

madres Cuando la semana pasada una adolescente embarazada intentó quitarse la vida lanzándose del paso a desnivel de la 27 de Febrero con Máximo Gómez, los teléfonos de Adriana de la Mota y otras integrantes de la Fundación Pediátrica Por un Mañana fueron inundados con imágenes de la escena.


“Para nosotros fue una noticia muy devastadora”, recuerda De la Mota, directora de Restaurando un Mañana, proyecto creado por la fundación para apoyar a adolescentes embarazadas y madres jóvenes.


Tras once años de llevar asistencia a madres y recién nacidos del Departamento de Perinatología de la maternidad Nuestra Señora de la Altagracia, la fundación abrió hace cinco meses la escuela que ofrece capacitación y orientación a madres entre 11 y 24 años.


“Teníamos un año soñando con este proyecto, a raíz de lo que veíamos en la maternidad, que veíamos jovencitas dando a luz, que volvían al año siguiente con otro embarazo”, cuenta De la Mota.


A través de Restaurando un Mañana las jovencitas pueden concluir el bachillerato, aprender un oficio y obtener orientación psicológica y espiritual mientras sus pequeños reciben cuidados en el área de guardería.


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ORGANISMOS DETRÁS DEL PROYECTO
Restaurando un Mañana, cuyo local se encuentra en Herrera, apoya a jóvenes entre 11 y 24 años que están embarazadas o tienen hijos de cero a cinco años. Cuenta con respaldo de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), el Instituto Nacional de Formación Técnico Profesional (Infotep) y Cenapec.


Capacitación para madres
El alto número de adolescentes embarazadas que los miembros de la Fundación Pediátrica Por un Mañana observaron en la maternidad Nuestra Señora de La Altagracia los motivó a diseñar un programa que diera soporte a las jovencitas y les permitiera seguir adelante.


A cinco meses del inicio del proyecto, bautizado como Restaurando un Mañana, 165 jóvenes se benefician de esta labor.


“Es un centro que está dirigido a ellas para que entiendan que la maternidad a destiempo o en soledad no es una opción negativa, sino que ellas pueden continuar con sus vidas. El hecho de embarazarse no necesariamente es un obstáculo”, expresa Adriana de la Mota, directora del centro ubicado en la zona industrial de Herrera, donde las beneficiarias pueden terminar el bachillerato, tomar cursos técnicos y recibir orientación psicológica y espiritual.


Las jóvenes, dice De la Mota, necesitan mucha orientación espiritual y psicológica. Muchas de ellas sufren abandono por parte de su familia o del padre de la criatura, maltrato físico y verbal o han sido víctimas de violación.


Y aunque la ley prohíbe a escuelas y colegios expulsar a las adolescentes embarazadas, De la Mota señala que la mayoría de las jovencitas que asisten al centro se han visto obligadas a dejar la escuela porque “las retiran o se la ponen en China o se sienten fuera de ambiente”.


Aquí encuentran una familia, comparten con jóvenes que han atravesado por lo mismo que ellas y se brindan soporte unas a otras.


“Quizás para ellas ha sido una experiencia -afirma De la Mota-, pero para nosotros ha sido una experiencia todavía más grande porque hemos descubierto una cantidad de diamantes: jóvenes amorosas, cariñosas, con tanta capacidad, inteligentísimas…”


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OFERTA EDUCATIVA DEL CENTRO
Ayer se iniciaron las clases de bachillerato a través de Cenapec, que ofrecerá tanto el programa acelerado como cursos regulares. Entretanto que el Infotep imparte cursos de informática, cocina, repostería, panadería, elaboración de productos químicos, velas y velones, auxiliar de farmacia y emprendedurismo.


Para atender a los niños y que sus madres puedan estudiar tranquilamente el centro cuenta con un área de cuna y otra de juegos, en las que reciben a niños de cero a cinco años.


“El objetivo es que al final ellas tengan una inserción laboral, que nosotros mismos podamos ayudarlas y que arranquen con sus vidas y puedan proporcionarles a sus hijos una vida diferente y que ellos vean en sus madres un ejemplo”, expresa Adriana De la Mota.


(( Testimonios
Tres beneficiarias del programa
El milagro de la vida las sorprendió en el momento menos esperado. Decidieron seguir adelante con sus embarazos y, cuando pensaron que deberían postergar su preparación, descubrieron un soporte en el centro de formación Restaurando un Mañana. Tres beneficiarias cuentan su experiencia.


“NOS HACEN SENTIR QUE EXISTIMOS”
María Eugenia Sánchez tenía 20 años cuando quedó encinta.


“Yo pensaba que el mundo se me había acabado. ¿Un hijo? Yo no estaba preparada”, rememora la joven, ahora con 22 años.


Si bien María Eugenia recibió el apoyo de su familia, a la cual temía en un principio darle la noticia, el padre de la criatura evadió su responsabilidad.


Además, la joven se vio obligada a abandonar la escuela cuando cursaba el segundo de bachillerato.


“Me la pusieron difícil”, dice sobre su situación en la escuela.


Y no faltó quien le sugiriera abortar, una idea que desechó motivada por el ejemplo de su madre, quien, dice, la levantó a ella y a su hermano sin el apoyo del padre de ambos.


Para su cumpleaños número 21, el 30 de diciembre del 2013, María Eugenia dio a luz a Nashly María, con quien llegó hace casi cinco meses a Restaurando un Mañana.


“Me abrieron las puertas no solo del centro, sino de su corazón”, comenta. “Nos dan participación, nos hacen sentir que existimos”.


La joven de Las Palmas de Herrera planea aprovechar la oportunidad. En sus propias palabras, antes “no tenía deseos de superación” y “nunca había hecho un curso de nada”, pero ya completó un curso de cocina, está próxima a concluir otro de elaboración de productos químicos y se propone retomar el bachillerato.


“Ahora -dice- tengo deseos de superación y de salir preparada”.


“ME GUSTA CÓMO ME CUIDAN A MI HIJO”
María Fernanda Beltré no llegaba a los 17 años cuando trajo al mundo a su hijo Walneury.


Criada por sus abuelos paternos, María Fernanda no vivió con su madre sino hasta la adolescencia, pero el maltrato que sufrió a manos de esta la llevó a abandonar la escuela y fugarse con su novio cuando solo tenía 15 años. Un mes más tarde se dio cuenta de que estaba embarazada y el cinco de marzo del 2012 nació Walneury.


Al separarse de su pareja un año más tarde, la muchacha regresó con sus abuelos en Herrera, donde hace casi cinco meses y por vía de un amigo de su hermana conoció el centro Restaurando un Mañana.


María Fernanda no estaba segura del éxito de un proyecto tan ambicioso, pero se inscribió en un curso de informática y, empujada por su abuelo, logró terminarlo.


A ese curso le siguió uno de emprendedurismo y ahora otro de velas y velones.


“Me apunté en la escuela y voy a retomar mis estudios”, dice la joven de 20 años que se confiesa “haragana”, pero reconoce que prepararse es la vía para darle a su hijo un mejor futuro.


Y al parecer esa no es la única forma en que el niño se beneficia de la labor de Restaurando un Mañana.


“Me gusta cómo me cuidan a mi hijo”, afirma su madre.


“YO NO ME CREÍA ESTO”
Esmeilin Cleto solía decir que sería ella quien le daría a su madre una vida mejor, pero una prueba casera de embarazo hizo que la adolescente dudara del cumplimiento de ese antiguo propósito.


A punto de cumplir 17 años, la muchacha no tuvo el valor de decirle a su madre cara a cara que estaba encinta. Prefirió dejarle una carta y marcharse de casa junto al padre de la criatura, con quien se casó tras confirmar el embarazo.


“Mi vida dio un cambio de repente”, dice Esmeilin.


En su madre encontró apoyo, pero en el colegio, el segundo hogar para alguien de su edad, las cosas no marcharon del todo bien. A pesar de que la dirección y sus compañeros la trataron con comprensión, varios profesores criticaron su permanencia en el plantel porque consideraban que Esmeilin, quien cursaba el tercero de bachillerato, sería una mala influencia para el resto de las estudiantes.


Llegó un momento en que casi no asistía a clases (“Me daba vergüenza”, expresa) y si pudo terminar el año escolar fue gracias a la ayuda de sus compañeros de clase.


Otra mano amiga se extendió para ella mientras asistía a consulta en la maternidad La Altagracia. Allí le entregaron un volante con información sobre el centro Restaurando un Mañana, justo lo que necesitaba y además en el sector del que Esmeilin provenía.


“Yo no me creía esto”, expresa la chica, para quien el programa parecía demasiado bueno para ser cierto.


Con siete meses de embarazo, Esmeilin se preparaba para iniciar esta semana el cuarto de bachillerato.


¿Qué pasará cuando nazca su pequeño Dilian? Espera poder aprovechar un nuevo proyecto de Cenapec que se aplicará en el centro y que contempla tutorías para las mujeres que recién den a luz.


Fuente: Listin Diario