Cuando somos jóvenes experimentamos muchas cosas por primera vez: los primeros cumpleaños, tus primeras vacaciones, el primer beso… Eagleman señala que en esas circunstancias hay mucho que recordar. La lista es tan densa y los recuerdos están tan apretujados que al evocarlos nos da la sensación de que han debido de durar muchísimo.


“Lo puedes comprobar en tu día a día”, indica. “Cuando conduces por primera vez a tu nuevo trabajo, el camino se te hace más largo. Pero cuando ya lo has recorrido unas cuantas veces, parece más corto, porque tu cerebro ha dejado de almacenar información”.


Sin embargo, esas sensaciones no son más que una ilusión, una formidable construcción de nuestro cerebro, señala Eagleman. “Cuantos más recuerdos tenemos asociados a algo, más tiempo cree nuestra mente que ha transcurrido”, asegura este experto. En su opinión, lo que ocurre es que el cerebro conserva las nuevas experiencias de un modo distinto al habitual.


Además, se ha descubierto que utiliza más energía cuando tiene que dar forma a una evocación novedosa. Dicho de otro modo: lo original nos suscita abundantes recuerdos, mientras que los hechos rutinarios de nuestra vida posterior a ese inédito suceso no pasan de ser meros bosquejos en nuestra cabeza.