La vida de Mickey Mena, más allá de su calidad como analista, cronista y comentarista deportivo, se resume en una frase: Un gran ser humano al servicio de los demás.


Por eso, a la hora de partir al encuentro con el Padre Celestial, no es de extrañar la avalancha de demostraciones de duelo de compañeros, colegas, fanáticos y personas en sentido general.


Afectado por la leucemía que mermó su salud en los últimos meses, “Don Mickey” pasó al Salón de la Fama de los Inmortales en la tarde de ayer dejando a su paso por la tierra una cantidad de hechos de bien que ni una edición especial de “Béisboldatos” podría abarcar.


Ganador en ocho ocasiones del Micrófono de Oro, inició su labor radial de la mano de Johnny Naranjo en 1980 además de Guelo Tueni en los deportes y dos años después surgió el programa “Béisboldatos”, una emisión obligada para todos los amantes, no solo del béisbol, sino del deporte en sentido general.


Considerado uno de los grandes analistas de béisbol de todos los tiempos, fue jugador profesional de ese deporte y al ser dado de baja se dedicó a la venta de productos farmaceúticos antes de ser “descubierto” por Naranjo.


Un nativo de Montecristi fue reconocido por su trato afable y caballeroso, su inagotable disposición para colaborar sin importar quien se lo solicitara.


Ejerció la profesión de cronista deportivo, a la que distinguió con su presencia, durante más de 35 años y fue una figura de primer orden, además de un paradigma para las más recientes generaciones.


En 1980 debutó como comentarista en la cadena de trasmisión por televisión de los Leones del Escogido a través de Teleantillas junto a Danilo Domínguez. También formó parte de las cadenas de los Caimanes del Sur, Estrellas Orientales, Tigres del Licey, Gigantes del Cibao y las Águilas Cibaeñas.


En el 2004 se tomó un año “sabático” en el béisbol criollo cuando laboró para los Toros de Tijuana en México.


A mediados de la década de 1980 comenzó a laborar en las transmisiones de las Grandes Ligas con Sport Center y se mantuvo en cadenas de diversos equipos, empresas particulares y canales de televisión.


Un apasionado que tuvo la oportunidad de unir sus dos pasiones -el béisbol y la comunicación- con una maestría pocas veces vista, solo colocaba su trabajo por debajo de una cosa: su familia. Casó con Digna Peguero con la que procreó a cuatro hijos.


Inició en la prensa escrita con su columna “Béisboldatos” -de lectura imperdible para los amantes de ese deporte- en 1977 en el LISTÍN DIARIO y también fue publicada en los rotativos El Caribe, El Nacional, El Siglo y Hoy.


Fue integrante del Jurado Original de los Premios Shell Los Dominicanos Primero y el lector principal de las semblanzas en el Pelotero Estrella de La Semana, donde hacía galas de su peculiar forma de escudriñar datos y estadísticas.


Ganó en 1981 el premio al Cronista del Año de la Asociación de Cronistas Deportivos de Santo Domingo (ACD) junto con el galardón al mejor en radio, mismo que también obtuvo en 1999 y 2011, además de ser el mejor en televisión en 1995.


También participó en múltiples transmisiones de radio y televisión en diferentes ediciones de la Serie del Caribe, La Voz del Fanático, Deportivas del Momento, Impacto Deportivo y Generación Deportiva. En 1983 fue comentarista de los Arroceros del Nordeste en la Liga de Verano del Cibao.