Gracias a recientes descubrimientos se sabe que el micro-ARN, pequeña molécula que participa decisivamente en la regulación de la actividad de los genes, circula por la sangre -antes se creía que sólo estaba en las células- y que ciertas combinaciones de estas moléculas con otras indican que hay algún órgano dañado.


Eso las convierte en un biomarcador mucho más sensible que otros como, por ejemplo, las proteínas, que sirven, entre otras cosas, para conocer el riesgo de desarrollar ciertos cánceres. “Un análisis de ADN delata si portas el gen que codifica una determinada proteína, pero el micro-ARN avisa de si se ha activado o no.


Dicho de otra manera: la genética te advierte de que puedes desarrollar un cáncer, mientras que el examen del micro-ARN dictamina que lo padeces”, aclara Jorge Soto, cofundador de la empresa Miroculus. Como el miARN ordena a las proteínas cuándo tienen que formarse, acceder a las manifestaciones de esa sustancia significa conocer la presencia de la dolencia antes de que se anuncie con síntomas.


MiARN está dotada de tres componentes: uno biológico, otro de hardware y un tercero de software. El primero de ellos consiste en un compuesto bioquímico que se combina con el plasma extraído de la sangre del paciente. La mezcla resultante se deposita en una placa con 96 pequeños agujeros llamados pocillos, previamente sazonados con otras tantas sustancias que los iluminarán en caso de que reaccionen con las moléculas buscadas.


Para que se produzca la alerta luminosa, es necesaria la intervención de otro componente de Miriam: un dispositivo cúbico de 30 x 30 centímetros -el hardware- donde se introduce la placa. Este recipiente proporciona las condiciones necesarias de calor y luz para que reaccionen los compuestos.


Entonces entra en acción el tercer y último elemento: el software. Este es en realidad una simple aplicación para móviles. Una vez colocado en la parte superior del cubo, el smartphone con la app realizará varias fotografías de los pocillos y las transmitirá a la base de datos online de Miroculus, que comprobará si las imágenes cuadran con la manifestación de enfermedad, lo que notificará al usuario.


Es importante confirmar que la secuencia coincide con algún patrón delator. Por ejemplo, si se enciende el orificio B3, que corresponde al micro-ARN 22, que guarda relación con el cáncer colorrectal, será preciso encontrar en la placa más rastros del miARN vinculado con esa enfermedad. De lo contrario, nos hallaríamos ante una falsa alarma.


Desde la extracción de sangre hasta el diagnóstico final han pasado apenas 95 minutos. “Así pues disponemos de un método rápido y económico que funciona con la misma certeza que los grandes dispositivos existentes, pero a una fracción de su coste”, asegura Soto. Ahora hace falta comprobar su eficacia en un entorno clínico.