Profugos


Los vecinos de un área rural de Nueva York, poco acostumbrados a cerrar sus puertas con llave de día o de noche, seguían en vilo el fin de semana mientras la gran operación en busca de dos asesinos entraba en el noveno día con los hombres aún prófugos tras escaparse de una prisión de máxima seguridad con herramientas eléctricas.


Más de 800 agentes de la ley que participaban en la búsqueda de Davis Sweat y Richard Matt peinaban los campos y bosques de Adirondack, varias millas a la redonda del correccional Clinton de Dannemora, cerca de la frontera canadiense.


La policía estatal mantuvo el sábado por la noche sus puestos en intervalos para cubrir la zona boscosa de búsquedas, ambientada por el sonido de grillos y ranas. A largo de la Ruta 3, una autopista de dos carriles al sur de Dannemora que sigue al río Saranac, las luces iluminaban la carretera y los campos revisados por cientos de agentes.


Al final del día y pese a varios cientos de avisos, la policía dijo no tener nuevas pistas. La presencia de los agentes fuertemente armados se ha vuelto tanto tranquilizadora como preocupante para los vecinos.


“Acabo de segar unos campos y seguía mirando por encima de mi hombro. Da miedo”, comentó Jason Hamel, que vive con su esposa y sus tres hijas pequeñas en West Chazy, a cinco minutos de una de las barricadas colocadas en la operación. “No dejo que mis hijas salgan”.


“A mi esposa y a mí nos encanta estar al aire libre”, añadió. “No hemos hecho nada de eso, y ahora cuando salimos, estamos armados”.


Poco antes de las 5 de la tarde, un contingente de unos 30 agentes salió de una zona arbolada junto a la Ruta 3, unas millas al sur de la prisión, y más agentes esperaban en la curva esperando a ser recogidos para un descanso para luego retomar la búsqueda antes del anochecer.


Antes, John St. Germain, que vive en la pequeña población de Cadyville, oteaba el horizonte y el río Saranac con unos prismáticos.


“El río está muy crecido ahora mismo. Y si veo algo, sé qué hacer”, comentó.


Kevin Farrington, ingeniero municipal en Plattsburgh, vigilaba de cerca a su hijo de 2 años, Dylan, que aprovechaba la oportunidad de salir de casa por primera vez desde la fuga. Unos 40 agentes armados revisaban el campo al otro lado de la carretera, tranquilizando a la familia por primera vez en toda la semana.


“Obviamente, uno sabe que la prisión está allí, pero nunca ha habido un incidente, así que se siente seguro”, dijo Farrington, que se mudó a las orillas del Saranac hace 13 años.


“Cuando pasa algo como esto, uno piensa en un par de hombres que son personajes bastante malos capaces de cualquier cosa”, dijo Farrington, que dijo tener un arma cargada en casa por si acaso. “Sabe que están desesperados y probablemente no quieren que los atrapen vivos. Probablemente estarían dispuestos a todo”.


Joyce Mitchell, una instructora de la sastrería de la prisión de 51 años, fue acusada el viernes de un delito de fomentar el contrabando de prisión y un cargo menor de complicidad en un delito.


Mitchell es sospechosa de hacer amistad con Sweat, de 34 años, y Matt, de 48, y proporcionarles material de contrabando, según documentos judiciales. Se la acusa de proporcionarles sierras de arco, formones y una punta de destornillador para ayudarles a escapar. Su abogado hizo una declaración de no culpable en su nombre.


La empleada había aceptado ser la conductora de huida pero no se presentó, indicó una persona cercana a la investigación. La fuente no estaba autorizada a comentar el caso y habló bajo condición de anonimato.


Sweat cumplía cadena perpetua por matar a un policía. Matt cumplía una pena de 25 años por el secuestrar, torturar y descuartizar con una sierra a su ex jefe de 76 años en 1997.


La nuera de Mitchell, Paige Mitchell, dijo que su suegra nunca había mencionado a Sweat, Matt o a ningún otro interno. “No se implica demasiado”, dijo al Press-Republican de Plattsburgh.


El hijo de Mitchell, Tobey, dijo a la NBC que su madre no habría ayudado a los presos a escapar.