ShellCon sus patas amarillas brillando bajo el sol de primavera, la unidad móvil de perforación petrolera mar adentro Polar Pioneer es fácil de divisar en su amarre en el puerto de Seattle. Es un lugar público apropiado para una plataforma que se está preparando para la campaña de exploración petrolera de mayor visibilidad del mundo este año: el programa de perforación de Royal Dutch Shell en el mar de Chukchi en el Ártico, frente a la costa noroccidental de Alaska.


Diez años después de que comenzó la adquisición de nuevos contratos de arrendamiento en el Ártico, y después de haber gastado casi US$7 mil millones, Shell todavía no ha perforado un solo pozo en rocas oleaginosas. Una serie de demandas, objeciones regulatorias y sus propios errores la han retrasado.


Pero después de obtener una aprobación clave por parte de los reguladores estadounidenses a principios de este mes, la compañía ahora tiene la oportunidad de cambiar eso. Si todo va según lo previsto, a finales de julio se habrá iniciado la perforación de dos pozos en Burger Prospect en el mar de Chukchi. Su éxito o fracaso será fundamental para el futuro del desarrollo petrolero frente a las costas de Alaska.


El Ártico de Alaska ofrece un enorme potencial. Las proyecciones del gobierno estadounidense han especulado que, a largo plazo, pudiera producir un millón de barriles por día, colocándolo en una escala similar a la del Golfo de México como región productora de petróleo. Para que eso sea posible, sin embargo, Shell y otras compañías primero tienen que descubrir el petróleo para confirmar que el supuesto potencial del área se puede convertir en realidad.


Ann Pickard, quien fue puesta a cargo del proyecto en 2013 como vicepresidenta ejecutiva de Shell para el Ártico, estaba en camino a su jubilación después de un exitoso período encargándose de las operaciones australianas de la compañía, pero se le persuadió para que asumiera un último reto.


La exploración en el Ártico es técnicamente difícil: la perforación es posible sólo por dos o tres meses durante el verano – cuando el hielo se despeja suficientemente – y las mareas pueden ser más turbulentas que las del Golfo de México, la región costera con la cual la industria estadounidense está más familiarizada. Pero la Sra. Pickard asegura que es perfectamente posible hacerlo de forma segura.


La plataforma Polar Pioneer ya ha sido objeto de una serie de protestas por parte de defensores del medio ambiente. En abril, fue abordada por activistas de Greenpeace en el Océano Pacífico mientras que era remolcada a Seattle y, después de llegar a puerto a principios de este mes, 500 “kayaktivistas” en canoas la rodearon.


Los manifestantes se oponen tanto al riesgo de un derrame – el cual sería particularmente difícil de limpiar en las heladas aguas del Ártico – como a los efectos sobre el cambio climático relacionados con un futuro a largo plazo del petróleo.


“El último lugar donde debiéramos estar llevando a cabo perforaciones en busca de petróleo es en el Océano Ártico”, expresó Dan Ritzman del Sierra Club, uno de los grupos que participó en las protestas. El argumento a favor de la perforación en el Ártico no se ha visto favorecido por los problemas que han acosado a Shell y a sus contratistas.


Durante el verano de 2012, Shell logró perforar dos “pozos en la parte superior”, deteniendo la perforación mucho antes de alcanzar las posibles reservas petroleras, pero se enfrentó a dificultades persistentes. El Noble Discoverer – un barco de perforación que se utilizó en ese programa y que estará operando nuevamente este verano – sufrió una falla del motor. El Kulluk, otra plataforma de perforación utilizada ese año, se separó de sus cables mientras era remolcada en aguas tempestuosas en la costa sur de Alaska, y terminó encallada. Actualmente está fuera de circulación.


Noble, el contratista de perforación que operaba las plataformas, en diciembre pasado se declaró culpable de ocho cargos relacionados con llevar una contabilidad indebida y no notificar a la Guardia Costera de EEUU acerca de condiciones peligrosas, y fue multado con US$12.2 millones. “Lo que ocurrió en 2012 no mostró a Shell de la forma en la cual yo conozco Shell”, declaró la Sra. Pickard. “Estamos tratando de reconstruir la confianza”.


En parte, esto se trata del mejoramiento de los equipos. La Polar Pioneer, que es propiedad de y está operada por Transocean, tiene un exitoso historial de operaciones en las duras condiciones de la costa noruega, y se ha modificado para Shell con la incorporación de características tales como un nuevo equipo de remolque más poderoso y un incinerador para desechos.


Más que el equipo, sin embargo, es la “interrelación hombre-máquina” que es crucial, aseguró la Sra. Pickard. Su enfoque en relación con este punto involucra detalles exhaustivos, en la gestión tanto de los propios empleados de Shell como de las docenas de contratistas que trabajan en el proyecto.


El no planificar con suficiente antelación fue una de las razones que ocasionó los problemas que enfrentó Shell en 2012, añadió la Sra. Pickard. Otra fue una comunicación estrecha insuficiente con los contratistas. Ella cree que ha abordado ambas debilidades. La pregunta, agregó, es “¿qué va a suceder que vaya a sorprendernos?”


A Shell le quedan algunos permisos que debe obtener antes de poder empezar a perforar, y todavía se enfrenta a problemas legales. Las plataformas pudieran estar en camino a través del estrecho de Bering a principios de julio, con la compañía aún sin saber a ciencia cierta si se le permitirá perforar.


No obstante, el equipo del proyecto estará listo, aseguró la Sra. Pickard, y ya se han gastado casi en su totalidad los US$1 mil millones que costará el programa este año. “Ahora les toca a las personas que seleccioné cumplir con sus labores”, añadió.