Alejandro-SanzAlejandro Sanz quería recuperar “ese sonido de encima del escenario, pero más sofisticado”. En eso se concentró para lograr el sonido de su nuevo disco “Sirope”, producido por Sebastian Krys, en el que han colaborado el trompetista Arturo Sandoval y Juan Luis Guerra, en un tema que saca al dominicano de su zona de confort.


En “Suena la pelota”, el español hace un dueto con Juan Luis. “Pues me puse a buscar algo para hacer juntos dentro del disco, me gustaba esta canción porque no tiene nada que ver con salsa, ni con merengue ni con bachata ni con nada de lo que haya hecho él, pero la letra sí me parece que es muy cercana a él”, explicó Sanz, que en total ha publicado hasta ahora 16 discos.


“Sólo alguien como Juan Luis Guerra se tomaría la felicidad tan en serio como se merece”, consideró el español.


Pasiones
Para Sanz, la vida es “todo o nada”, así que, cuando empezó a pintar y esta pasión derivó en pulsión, de su casa desaparecieron las guitarras y los equipos de sonido, hasta que llegó un día incluso en el que tuvo que tomar una decisión difícil: el pincel o la música.


“Tuve que elegir entre la pintura y la música. A mí no me van las cosas a medias. Yo me colgaba de unas cuerdas ante un lienzo como una pared y me estrellaba contra él con mis pinturas”, reveló el músico durante una entrevista con EFE a la pregunta de cuándo se ha sentido él un “Zombie a la intemperie”, título de su más reciente sencillo.


En el año 2002 presentó su primera colección pictórica, que consiguió vender íntegramente. Incluso el futbolista Luis Figo se llevó una de sus piezas favoritas.


Al final, optó por la música, publicó “No es lo mismo” (2003) y surgió una nueva tanda de álbumes a cada cual más exitoso hasta “Sirope”, el undécimo, que ayer presentó en una pinacoteca emblemática, el Museo Nacional Reina Sofía de Madrid.


Sonidos
Como el citado “No es lo mismo”, este trabajo asienta los pies y las manos del otro lado del Atlántico (no la voz, que sigue siendo flamenquita), pero en un tono marcadamente más norteamericano y no tan caribeño, flotando entre el jazz (con una sección de vientos procedente de Filadelfia), el rhythm and blues, el bluegrass y el funk.


De hecho, explica, “’Sirope’ es un grito de guerra a lo James Brown”, que bebe sobre todo del músico de Carolina del Sur en temas como “La guarida del calor”, que se refiere a un almacén donde se junta a tocar “jam sessions” con amigos como Juanes o Lenny Kravitz y en el que están prohibidas las versiones.


Concepto
En realidad, todo el álbum ha sido planteado para sacarse también a sí mismo de ese espacio de comodidad, trabajando sobre las líneas de bajo y el diseño de la batería como punto de partida, lo que ha dado lugar a un disco diferente de los previos “Paraíso Express” (2009) o “La música no se toca” (2012).


Pero “Sirope”, añade, también es “jarabe y almíbar”, porque, “cuando uno es padre, se azucara un poco, las prioridades cambian y se pretende que la sociedad sea más favorable y amable para ellos”. A su tercer hijo, Dylan, le dedica “Capitán tapón”, un tema importante que incluye fragmentos de voz grabados al niño. “Con 30 años adorará esta canción, pero con 14 la odiará”, bromea el madrileño.


Porque este sirope es de “fresa ácida” y, por mucho que evite meterse en viejos charcos como el de su polémica con Venezuela, en realidad con el gobierno encabezado por Nicolás Maduro, ahí ha colado un tema titulado “No madura el coco”.


PUNTOS CLAVES
GIRA. El 30 de julio inicia en Córdoba una gira sobre la que hoy prefirió mantener las incógnitas y que parará el 1 de agosto en Algeciras (Cádiz), la tierra de su padre, el lugar donde vio su primer concierto, “uno de Joan Manuel Serrat”, y donde, durante una actuación de su malogrado amigo Paco de Lucía, al que también dedica el álbum, soñó con subirse a un escenario.


EN AMÉRICA. Tras los conciertos españoles, que se prolongarán al menos hasta finales de septiembre, cruzará el Atlántico para presentar su disco en América, una segunda parte de la gira aún por cerrar. Hoy en Madrid, tan cerca de las pinturas de Picasso y Dalí, este doctor honoris causa por la Berklee College of Music (Boston) se ratifica en la decisión que tomó hace más de una década.


Fuente: AP