DecepcionEl cambio venidero en las tasas de interés estadounidenses puede ser el más anticipado en muchos ciclos. Sin embargo, a pesar de todos los esfuerzos de Janet Yellen por lograr la claridad, la perspectiva estadounidense se mantiene opaca debido a mala visibilidad. La semana pasada la Sra. Yellen dijo que probablemente la Reserva Federal elevaría las tasas de interés este año – posiblemente en septiembre – a pesar de la fuerte desaceleración del crecimiento estadounidense en el primer trimestre.


Por una razón u otra, incluyendo una serie de severos inviernos, el crecimiento en los tres primeros meses del año ha tendido a tener un rendimiento inferior al resto del año, a menudo muy inferior. La economía estadounidense se contrajo un 2.9 por ciento anualizado en el primer trimestre de 2014 sólo para repuntar en los siguientes tres trimestres.


Con suerte, el anémico 0.2 por ciento de expansión del primer trimestre de este año será igualmente engañoso. Sin embargo, sería arriesgado hacer suposiciones. Es muy posible que este año 2015 termine como comenzó, con las tasas de interés estadounidenses aún en cero.


Por supuesto, existe la posibilidad de que las expectativas de la Sra. Yellen estén equivocadas y que los resultados sean más positivos. La Reserva Federal pronostica un crecimiento de 2.5 por ciento para los próximos dos años, lo cual es sólo ligeramente superior a las poco alentadoras tasas alcanzadas durante la recuperación desde la crisis. Si el desempleo disminuye al 5 por ciento a finales de 2015, el crecimiento salarial finalmente puede empezar a repuntar, en cuyo caso la Reserva Federal probablemente tendrá que elevar las tasas de interés.


Sin embargo, el balance de riesgos está sesgado hacia el otro lado. Después de años de prácticamente ningún crecimiento de los ingresos, los consumidores no están preparados para sorpresas positivas. Por ejemplo, es llamativo que el consumidor estadounidense ha optado por embolsarse las recientes ganancias derivadas de los bajos precios de la gasolina en lugar de gastarlas. Lo mismo sucede con la inversión empresarial, que sigue siendo decepcionantemente débil.


Los dos principales motores de crecimiento de la economía estadounidense parecen estar esperando a que el otro haga la primera movida. Los inversionistas se muestran reacios a invertir y los consumidores reacios a gastar. ¿Qué se necesita para avivar sus instintos animales?


También es sorprendente la franqueza de la Sra. Yellen acerca de los límites de lo que la política monetaria puede lograr. La Reserva Federal ha estado pisando el acelerador durante siete años consecutivos. Sin embargo, el crecimiento estadounidense desde el colapso de Lehman Brothers en 2008 ha sido consistentemente inferior a las recuperaciones previas. Según HSBC, el crecimiento promedio estadounidense en los siete años desde el pico anterior fue del 3.5 por ciento después de 1981, 3.1 por ciento después de 1990, 2.1 por ciento después de 2000 y 1.1 por ciento desde 2007.


La tendencia es inconfundible. Algunos economistas hablan incluso de un “gran reajuste” que requerirá que EEUU se ajuste a la baja para un crecimiento al estilo de Japón. Probablemente eso es demasiado sombrío. EEUU ha reparado su balance mucho más rápidamente que Japón en los años 1990 y su perspectiva demográfica es mucho más saludable. EEUU también sigue siendo la economía más innovadora del mundo. Sin embargo, las perspectivas de crecimiento siguen frenadas por una sensación de pesimismo nada típica de los estadounidenses.


Si, como se espera, el crecimiento estadounidense se recupera en los próximos dos trimestres, la Sra. Yellen podría no tener más remedio que subir las tasas en septiembre o poco después. La inquietantemente baja tasa de participación laboral de EEUU le da poco margen para hacer otra cosa. Sin embargo, es probable que el cambio en el ciclo estadounidense sea moderado y poco profundo. Puede tomar años regresar a las tasas de interés tendenciales.