Crucificados


Gritando de dolor, varios devotos filipinos fueron clavados en cruces de madera para recrear la crucifixión de Jesús como parte de los rituales del Viernes Santo en la mayor nación católica de Asia.


Líderes de la Iglesia se han manifestado en contra de esta práctica anual, que mezcla la devoción católica con las creencias populares, pero sigue atrayendo grandes multitudes, especialmente en la provincia de Pampanga, en el norte del país.


El pintor Ruben Enaje, de 54 años, fue uno de media decena de hombres cuyas manos y pies fueron frotados con alcohol antes de que lugareños disfrazados de soldados romanos martillaron clavos esterilizados en sus pies y manos.


Enaje ha repetido el mismo acto durante los últimos 29 años como parte de una forma personal de agradecimiento después de sobrevivir a una caída de un edificio. Este año, agregó un dispositivo de la era moderna: un pequeño micrófono cerca de su boca, aunque un fallo técnico hizo difícil oírle pronunciar las últimas palabras de Cristo.


La actuación sobre un montículo polvoso en la localidad de San Pedro Cutud atrajo a unos 4.000 espectadores y turistas, decenas de ellos extranjeros. A diferencia de otros años, los organizadores impidieron que algunos de esos extranjeros buscaran ser clavados en la cruz, para evitar que el acto se “vuelva un circo”, dijo el consejero Harvey Quiwa.


Después de la escenificación, los emuladores fueron bajados de las cruces y trabajadores médicos los llevaron en camilla para revisarlos y asegurarse de que no tendrán complicaciones de sus heridas.


“Creo que se necesita una cantidad increíble de dedicación y compromiso para sufrir por algo así”, dijo el turista estadounidense Tracy Sengillo. “Esto es realmente interesante”.


Estos devotos se someten a las crucifixiones en la creencia de que tales sacrificios extremos son una manera de expiar sus pecados, alcanzar curas milagrosas para sus enfermedades o dar gracias a Dios.


Se realizaron representaciones similares en otros pueblos de Pampanga y otras provincias, pero San Pedro Cutud atrae más multitudes. Antes de las crucifixiones, cientos de devotos descalzos caminaron por las calles azotándose la espalda desnuda con varas de bambú colgando de una cuerda.


“Empecé a hacer esto cuando mi madre se enfermó, de un problema renal. Yo hice una promesa y le recé a Dios para que pudiera curarse”, dijo el electricista Marvin Tao, de 25 años, quien se ha flagelado durante los Viernes Santos desde hace nueve años.