Frutas


Patrullas de la Policía y de la Autoridad Metropolitana del Transporte (AMET) la emprendieron ayer en contra de los vendedores que por décadas han estado apostados en las principales esquinas de la capital ofreciendo frutas, tarjetas de llamadas, semillas de cajuíl y accesorios de teléfonos, a los conductores y transeúntes.


Varios camiones de la Policía repletos de vendedores, adultos y niños, fueron conducidos a dependencias de la Policía, donde escucharon una charla sobre la importancia de dejar las esquinas libres para el flujo del tránsito, y luego despachados a sus casas, con la salvedad de que no podían regresar a las calles a “ganarse la vida”.


Algunos consultados culparon a los “limpiavidrios” y escobilleros de agredir a conductores que no aceptan que éstos les limpien los cristales de sus autos.


En ese sentido, Casimiro Guerrero dijo que desde hace 30 años está ubicado en la esquina de 27 de Febrero con Abraham Lincoln vendiendo frutas, “y con lo que me gano, mantengo a mi familia”.


En tanto, José Manuel Sanz Ovalles, lleva diez años limpiando vidrios en la 27 de Febrero con Máximo Gómez, y alega que no tiene otra manera de ganarse el sustento de su familia.


“Aquí no hay trabajo, yo me he cansado de buscar trabajo, y no he conseguido, me dediqué a esto, porque es un trabajo decente, y con esto no le estoy haciendo daño a nadie, ni molesto a nadie, porque tengo un comportamiento decente”, aseveró.


En tanto, limpiadores de vidrios, escobilleros y vendedores que fueron liberados una vez fueron detenidos en el primer día de jornada, se reunieron en la 27 de Febrero con Kenndy, y amenazaron con tirarse a las calles a protestar si el presidente Danilo Medina no le busca una salida al problema. José Coronado, vendedor durante 14 años de lentes y escobillas en la intersección de las avenidas 27 de Febrero y Máximo Gómez, aseguró que subsiste del comercio informal, porque no tuvo la oportunidad de hacer una carrera universitaria. Advirtió que reclamará, y que “va a haber sangre”.


Santos de la Rosa manifestó que tiene 21 años como vendedor ambulante de galletas, y deploró que la medida de la AMET perjudique a familias pobres. “Si cuando era joven no robé, ahora que soy viejo, menos”.