Historia


Barack Obama hizo historia en 2009 al convertirse en el primer presidente negro de EE.UU. y a partir de hoy será recordado también como el mandatario que puso fin a la Guerra Fría con Cuba con su encuentro con Raúl Castro.


En una pequeña sala del recinto donde se celebra en Panamá la VII Cumbre de las Américas, Obama y Castro se sentaron uno al lado del otro y conversaron, en un formato similar al que usa el presidente estadounidense cuando recibe a un mandatario extranjero en el Despacho Oval.


Horas antes, en la apertura de la Cumbre, Obama y Castro ya se habían saludado y dado la mano, al igual que hicieron en 2013 cuando coincidieron en Johannesburgo en el funeral por el expresidente sudafricano Nelson Mandela.


Con declaraciones como que EE.UU. no puede seguir “atrapado en el pasado” o su reconocimiento de que la política hacia Cuba mantenida por su país durante décadas “fracasó”, Obama se ha ganado a la región sin excepciones.


Esa misma región lo miraba con recelo, decepcionada, hace apenas unos meses, convencida de que había quedado en nada la promesa que hizo en la Cumbre de las Américas de Trinidad y Tobago de 2009 de iniciar una “nueva era”, de “alianza entre iguales”.


En esa cumbre Obama se reunió con los líderes de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) y el entonces presidente venezolano, el fallecido Hugo Chávez, le regaló el libro “Las venas abiertas de América Latina”, del uruguayo Eduardo Galeano.


Tres años después, en la Cumbre de Cartagena (Colombia), la mayoría de los países criticaron la política estadounidense hacia La Habana y la ausencia de la isla en estas citas continentales, a lo que Obama respondió que daría la bienvenida a una Cuba “libre” en los próximos encuentros.


Ahora, además por el acercamiento a Cuba, Obama también ha sido felicitado por sus homólogos de la región por su plan ejecutivo para regularizar temporalmente a unos 5 millones de indocumentados, muchos de ellos latinos, aunque esas medidas no se han podido aplicar todavía porque están bloqueadas en los tribunales.


Nació un 4 de agosto de 1961 en Hawai, el estado más joven y lejano de EE.UU., y le pusieron de nombre Barack como su padre, un economista keniano educado en Harvard, pero quien realmente le marcó fue su madre, Stanley Ann Dunham, una antropóloga de Kansas.


Tras la separación de sus padres cuando apenas tenía dos años, el pequeño Barack Hussein volvió a ver a su progenitor solo una vez más y el nuevo matrimonio de su madre lo llevó al país de su padrastro, Indonesia, donde se educó en escuelas musulmanas y católicas.


A los 10 años su madre lo envió de vuelta a Hawai, con sus abuelos, para que recibiera una mejor educación. En su adolescencia tuvo escarceos con las drogas y estaba más pendiente del baloncesto que de los libros, pero fue un alumno brillante y terminó estudiando Políticas en la Universidad de Columbia y Derecho en Harvard.


Su abuela materna, Madelyn Payne Dunham, fallecida el día antes de su triunfo electoral del 4 de noviembre de 2008 y quien lo quiso “más que a nada en el mundo”, lo inspiró a pensar en grande.


Ella “creía en la promesa fundamental del sueño americano” de la recompensa al trabajo duro “y nos resucitó” con su ejemplo, según ha dicho Michelle, una abogada con la que Obama se casó en 1992 y con quien tiene dos hijas, Malia (16 años) y Sasha (13).


Chicago, la ciudad de Michelle, le ha dado mucho a Obama. Allí se mudó en los ochenta y fue trabajador social, luego profesor y defensor de los derechos civiles hasta dar el salto a la política en 1997 con su elección como senador estatal de Illinois.


En 2004, tras ganar relevancia en la Convención Demócrata con un discurso en favor de la reconciliación racial, Obama desembarcó en la política nacional y entró al Senado, desde donde se lanzó a la carrera presidencial con una campaña que se convirtió en un fenómeno mediático dentro y fuera de EE.UU.


Galardonado con el Nobel de la Paz en 2009 por sus “esfuerzos extraordinarios por reforzar la diplomacia internacional”, puso fin a la guerra de Irak en su primer mandato, pero en 2014 inició una campaña de bombardeos aéreos contra el grupo yihadista Estado Islámico (EI) en ese país que se ha extendido también a Siria en alianza con una coalición internacional.


Obama autorizó la operación militar que acabó con la vida de Osama bin Laden el 1 de mayo de 2011 y en su segundo mandato sus prioridades en política exterior están claras: lograr la normalización diplomática con Cuba con la reapertura de embajadas y cerrar un acuerdo con Irán sobre su programa nuclear.


Pendiente y muy difícil tiene que el Congreso estadounidense apruebe una reforma migratoria integral y poder cerrar la cárcel de Guantánamo (Cuba), aunque EE.UU. planea conservar el territorio que ocupa allí pese a la devolución que exige el régimen de Castro.