Iphone


¿Qué pasaría si alguien inventara un nuevo producto tecnológico que fuera aclamado como un gran avance con el potencial de competir con el teléfono inteligente, pero luego no lo pusiera a disposición del 85 por ciento de los posibles compradores?


Eso es lo que Apple está a punto de hacer con el lanzamiento de su Watch. Comenzará a recibir pedidos en línea a partir del viernes y lanzará el dispositivo en nueve países en dos semanas.


Para ser un producto que podría ser la mayor esperanza hasta el momento para una nueva plataforma informática para dispositivos de vestir, el Watch corre el riesgo de quedar maniatado. Sólo un subgrupo de los clientes actuales de Apple terminarán siendo dueños de uno.


La razón de esto es porque está ligado al iPhone (que sólo es utilizado por uno de cada seis propietarios de teléfonos inteligentes): el Watch se conecta a través del iPhone, y las únicas aplicaciones que funcionan en él son extensiones de las que están en la App Store de Apple para el uso en sus propios dispositivos móviles.


Según los influyentes profesores estadounidenses de administración David Yoffie y Michael Cusumano, esto es sólo la última manifestación de la poco entusiasta aceptación por parte de Apple de la importancia de las plataformas tecnológicas. En su libro Strategy Rules, que se publicará la próxima semana, sostienen que el fallecido cofundador de Apple, Steve Jobs, se sentía instintivamente atraído a construir productos autocontenidos – elementos tecnológicos fuertemente integrados que funcionaban bajo sus propios términos.


Por el contrario, las plataformas se benefician de los efectos de redes conforme otras compañías tecnológicas agregan productos y servicios complementarios, como aplicaciones, que a su vez atraen a más usuarios. Jobs finalmente cedió ante el poder de la idea de la plataforma con la App Store para los dispositivos móviles de Apple. Pero, según los señores Yoffie y Cusumano, la mezcla que expuso sigue siendo evidente en Apple y podría ocasionar que el grupo tecnológico desperdicie la ventaja en la plataforma informática posterior a los teléfonos inteligentes.


La situación no es clara. Probablemente es mejor considerar el Watch como una extensión de una plataforma tecnológica existente, en lugar de un producto que no tiene aspiraciones a plataforma alguna. Después de todo, ejecutará aplicaciones de terceros reducidas al mínimo. Como tal, representa un primer paso cauteloso en un nuevo mercado en el que probablemente ocurran replanteamientos por el camino.


La historia demuestra que Apple está bastante preparado para hacer ajustes. Después de todo, mostró una cautela similar con la versión 1.0 de otros dispositivos, como el iPod y el iPhone. El software de música iTunes, parte integral del iPod, inicialmente se limitaba la Mac. El iPod sólo comenzó a tener éxito una vez que el software se abrió a los usuarios de PC. En la misma línea, el iPhone inicialmente se diseñó para ejecutar aplicaciones solamente de Apple.


Las primeras iteraciones de estos productos no revolucionaron al mundo. Apple vendió menos de 1 millón de iPod el primer año y sólo aproximadamente 6 millones de iPhone. Al menos al Watch versión 1.0 debería irle mucho mejor. La mayoría de los analistas predicen ventas de 20 a 40 millones en el primer año. Pero esto todavía podría representar una oportunidad desperdiciada si Apple le cede una cuota de mercado dominante en la tecnología de vestir a Android de Google, como le ha sucedido en los teléfonos inteligentes.


La incógnita será decidir cuándo – o si – se debe tratar al Watch como una plataforma en sí misma. Tales decisiones, tomadas al calor del momento, no siempre parecen decisiones estratégicas calculadas de manera fría y deliberada. Por ejemplo, según comentaron algunas personas, Jobs estaba totalmente opuesto a la apertura de iTunes y sólo cedió cuando sus gerentes se unieron contra él.


Los señores Yoffie y Cusumano describen la escena como se las contó un ex ejecutivo de Apple: “Después de otra acalorada discusión, [Jobs] lanzó un improperio a los gerentes reunidos, gritó: ‘Hagan lo que quieran, ustedes son los responsables”, y salió de la habitación”.


Para que el Watch corte su vínculo con el iPhone, se necesitaría resolver algunas cuestiones fundamentales, que van desde la duración de la batería (se necesita para conectarse a una red 3G) y el precio (el chip 3G y un plan de datos por separado) de la usabilidad.


Si uno de los usos principales del Watch es mostrar notificaciones enviadas por aplicaciones de teléfonos inteligentes, ¿podría tener una existencia independiente? Puede ser que dispositivos de vestir como éste nunca lleguen a ser algo más que periféricos marginales para los teléfonos inteligentes, en lugar de elementos de una nueva plataforma informática.


Mientras tanto, el reto más inmediato para Apple será convencer a sus fieles clientes existentes que existen suficientes motivos como para llevar una computadora en sus muñecas, incluso una que tiene el elegante distintivo de los estudios de diseño de Apple. Ya habrá mucho tiempo para aflojar los lazos con el Watch versión 2.0.