Vaticano


El presidente francés, François Hollande, muy contestado dentro de su país, busca en el ejercicio asertivo de la diplomacia una vía de escape a sus angustias domésticas, pero se ha topado con un escollo donde probablemente no lo esperaba: en el Vaticano.


Un conflicto en sordina, larvado desde hace tres meses, ha acabado estallando esta semana, cuando se conoció que la Santa Sede se niega por ahora a conceder su beneplácito al nuevo embajador francés ante el Vaticano, Laurent Stefanini, abiertamente homosexual.


Las credenciales católicas de Stefanini, jefe de protocolo del Ministerio de Exteriores, quedan fuera de duda.


Católico practicante, cuenta incluso con el aval del cardenal de París, André Vingt-Trois, quien le administró en persona el sacramento de la confirmación.


El diplomático fue, además, “número dos” de la legación vaticana desde 2001 hasta 2005, y no ha militado de forma activa o pública por los derechos de los homosexuales.


Sin embargo, la Santa Sede da por ahora la callada como única respuesta a la designación de Stefanini por parte del Consejo de Ministros, el pasado 5 de enero, en sustitución de Bruno Joubert.


Aunque la crisis todavía es poco más que un susurro en los pasillos de la diplomacia, nada indica que el Elíseo esté dispuesto a dar su brazo a torcer.


“Stefanini fue nombrado embajador porque es un excelente diplomático que dispone de todas las cualidades para ocupar ese puesto. Esperamos la respuesta a nuestra petición de consentimiento”, dijo a Efe una fuente diplomática francesa.


En el Quai d’Orsay, sede del Ministerio galo de Exteriores, se aboga por gestionar el asunto de forma discreta, de forma que no se abra un indeseado foco de conflicto en un momento en que la diplomacia francesa tiene frentes abiertos en medio mundo.


Hollande se ha implicado personalmente en la resolución de la crisis en Ucrania, pero también ha involucrado a Francia en las operaciones militares contra los yihadistas del Estado Islámico (EI) en Irak o contra el terrorismo islamista en el Sahel.


La ubicuidad del atribulado presidente -cuya imagen en Francia sigue casi por los suelos- lo llevará a Cuba el próximo 11 de mayo, en la primera visita al país de un jefe de Estado francés, interpretada como un audaz movimiento para ganar posiciones en el nuevo tiempo que se prevé en la isla.


El Elíseo no está interesado en abrir un conflicto diplomático con la Santa Sede, aunque sabe bien, por experiencia propia, que tampoco le será fácil imponer su voluntad.


En 2007, bajo la presidencia de Nicolas Sarkozy, Francia ya trató de designar como embajador en el Vaticano a Jean Loup Kuhn-Delforge, también homosexual.


A diferencia de Stefanini, soltero, Kuhn-Delforge vivía con su compañero, con quien se había registrado como pareja de hecho.


Pasó más de un año para que Francia renunciase a seguir adelante con su designación y buscase a otro candidato aceptable para la Santa Sede.


La sensibilidad que ha mostrado en sus palabras y sus actos el papa Francisco hacia la presencia de los gays en la Iglesia católica añade incertidumbre al nuevo pulso, detrás del cual algunos han querido ver la mano de los sectores más ultraconservadores en Francia.


La presidenta de la asociación “Manif por tous”, que se opone al matrimonio gay en Francia, Ludovine de la Rochere, desmintió haber maniobrado para entorpecer el nombramiento de Stefanini, en declaraciones publicadas hoy por el diario “Le Figaro”.


El mismo diario, que adelanta los nombres de otros potenciales candidatos en caso de que Stefanini no salga adelante, subraya, sin embargo, que la curia todavía no ha tomado una decisión definitiva al respecto.


Ese silencio ya le ha costado críticas: “Ahora está claro que el Vaticano es como Uganda” (donde gais y lesbianas son perseguidos por iglesias fanáticas), espetó ayer Flavio Romani, presidente de Arcigay, la asociación italiana de gais, lesbianas, transexuales y bisexuales (LGTB).