copiloto2“Un día todo el mundo va a conocer mi nombre”.


La exnovia de Lubitz relata las obsesiones del piloto y su incapacidad para asumir las consecuencias de su enfermedad.


“Un día todo el mundo va a a conocer mi nombre”. La profecía que Andreas Lubitz hizo a su novia ha terminado por hacerse realidad. El joven piloto que el pasado martes acabó con la vida de otras 149 personas era un hombre ambicioso para el que la aviación era su mayor pasión y con fuertes tendencias depresivas. Pero también, según relata al diario Bild la azafata de 26 años Maria W., una persona obsesionada con la capacidad destructiva de los aviones. “Por las noches soñaba con aviones que se estrellan”, asegura. Una descripción que coincide con la de otro conocido del piloto, que le describe como “un friki que toda su vida solo quiso volar y que tenía toda su habitación llena de pósters de aviones”.


La mujer que oculta su identidad bajo el pseudónimo de María W. describe a Lubitz como un hombre “dulce” que le regalaba flores y necesitado de amor, pero con una obsesión que no le dejaba dormir: su trabajo. “Hablábamos mucho de aviones. Y entonces se volvía otra persona. Se excitaba de repente por las condiciones en las que trabajábamos o porque cobrábamos poco dinero, recuerda.


Pero la parte más escalofriante del relato llega cuando Maria W. recuerda los comentarios de Andreas en los que anticipaba la tragedia. “Un día haré algo que cambiará todo el sistema. Y entonces todo el mundo sabrá mi nombre y lo recordará”, decía el copiloto. La joven azafata explica que su relación terminó porque pronto se dio cuenta de los problemas mentales de su novio. “De repente se desbocaba en las conversaciones y me chillaba. Por las noches se despertaba y gritaba porque tenía pesadillas en las que estrellaba. Yo tenía miedo”, asegura.


Se dio cuenta de que sus problemas le impedirían su gran sueño: ser capitán de Lufthansa”.


El relato de María W. coincide punto por punto con lo que han contado otros amigos o conocidos de Lubitz en Montabaur, la pequeña población del oeste alemán en la que vivía con su familia. Si sus colegas del club de vuelo LSC Westerwald contaban que la mayor pasión de su vida era volar, y especialmente en los Alpes, donde acabó estrellando el vuelo de Germanwings, su novia explica sus acciones por su incapacidad para asumir que sus problemas mentales eran un obstáculo para su carrera profesional. “Lo hizo porque se dio cuenta de que sus problemas de salud impedirían su gran sueño, que era ser capitán de vuelos de larga distancia en Lufthansa“, concluye.


Fuente: El País