haitiEl gobierno haitiano de Michel Martelly-Evans Paul hizo una trastada por partida doble a República Dominicana al promover la llamada Marcha contra el Racismo, el pasado día 25 en Puerto Príncipe y proponer como nuevo embajador a Daniel Supplice, sin el beneplácito correspondiente, según fuentes diplomáticas.


El régimen haitiano habría promovido la manifestación contra la RD, que reunió hasta 10 mil personas en la capital haitiana, como manera de calmar a las masas populares tras las marchas que reclamaban y lograron la destitución del anterior primer ministro, Laurent Lamothe, al tiempo de unificar a los haitianos contra los dominicanos.


Haití reconoció en una nota de su cancillería que había auspiciado la Marcha contra el Racismo y la Xenofobia como forma de complacer a los grupos de la sociedad civil que reclamaban acción por el supuesto linchamiento del joven haitiano Claude Jean Harry, pero que un grupo se dirigió a la sede del consulado donde arriaron la bandera de RD.


La parte haitiana al parecer quiso arrebatar a los organizadores de las protestas recientes el tema de la renuncia de Martelly, cosa que pedían a gritos políticos adversarios antes de las fiestas del carnaval y la tragedia que costó la vida a 18 personas. Lamothe había sido reemplazado a fines de diciembre por Evans Paul.


Paul, considerado por muchos haitianos como el “petit Fouché” de la política, al parecer ha dirigido personalmente el entramado de la crisis dominico-haitiana y fue quien decidió pedirle la renuncia al embajador haitiano en Santo Domingo, Fritz Cinéas tras una campaña mediática que culpaba al diplomático por inacción.


La renuncia obligada de Cinéas fue el último infortunio de los varios vividos por el diplomático en los últimos días. A raíz del asedio del consulado dominicano en Anse-à-Pitres a principios de enero tuvo un encontronazo con la prensa en el Palacio Nacional, donde acusó a los medios de provocar “una tormenta en un vaso de agua”.


La residencia oficial de Cinéas fue asaltada por un grupo de malechores vestidos con ropas de Edesur, quienes sustrajeron dos cajas fuertes contentivas de documentos y dinero. El dinero se perdió en manos de los ladrones entre los cuales había dos agentes policiales y un empleado de una empresa de fumigación.


El diplomático era posiblemente el último remanente del duvalierismo de la primera hora en un puesto importante. Fue el panegirista en el funeral de Jean Claude Duvalier. Bernard Diederich lo menciona en su libro “Duvalier y los Ton Ton Macoutes”, tras haber sido procesado en 1957 por una masacre en la universidad de Puerto Príncipe.


La peor humillación


El asalto al consulado dominicano en Puerto Príncipe y la marcha frente a la embajada han sido la peor humillación sufrida por la parte dominicana desde otro ataque a la misión en 1963 cuando gobernaba en la RD Juan Bosch y en Haití, Francois Duvalier. En esa ocasión los dos países se vieron al borde de la guerra y las relaciones quedaron en punto muerto.


Con motivo del asalto del pasado día 25, día de Ramón Matías Mella y de la Bandera dominicana, el canciller Andrés Navarro remitió a su contraparte haitiano, Dully Brutus, una nota de protesta en la cual exigía una reparación, al tiempo de llamar a consultas al embajador en la capital haitiana, Rubén Silié y al cónsul general, Ramón de la Rosa.


Los hechos de Puerto Príncipe se producen en medio de un ambiente de tensión anti-dominicana que alcanzó inclusive el discurso del principal accionista del nuevo hotel Marriott Puerto Príncipe, Dennis O’Brien, quien declaró la semana pasada que “lo último que haría sería invertir en la República Dominicana”.


También la semana pasada la Comisión Arquidiocesana de Justicia y Paz de Haití declaró que la manifestación frente a la embajada y el consulado dominicanos fue una muestra de “frustración” frente al linchamiento de un haitiano (Claude Jean Harry) en una plaza pública y la quema de una bandera haitiana en Santiago.


En una declaración pública el canciller Brutus dijo que su país no se excusará con la RD y que “Haití no quiere un tira y jala”. Brutus fue quien anunció que Cinéas sería reemplazado por Supplice sin que al parecer se hubiese presentado el nombre del nuevo embajador para la aprobación previa de la cancillería dominicana.


Supplice es duvalierista de la primera hora con Jean Claude Duvalier, de cuyo gobierno fue diplomático en cargos menores y en sus finales, ministro de Asuntos Sociales, encargado entre otros asuntos, de la tramitación de la contratación de braceros haitianos y el recibo de los fondos mediante un convenio que había expirado.


El político aspiró a Primer Ministro cuando asumió el poder Martelly en mayo del 2011, prevalido de que fue el jefe de la transición. Al no conseguir ese puesto, pretendió el ministerio de Relaciones Exteriores, que tampoco logró. Martelly lo nombró, bajo su protesta, Ministro de los Haitianos Residentes en el Exterior.


RD aplicaría sanciones


República Dominicana fue beneficiada por la declaración del Parlacen que llamó “insólita agresión” al asedio de la embajada en Puerto Príncipe. Se cree que RD podría aplicar sanciones a Haití, como sería el cierre de los consulados de Anse-à-Pitres y Belladére o el rechazo “sine díe” a la designación de Supplice.


Además, el régimen del presidente Medina podría reducir el personal diplomático en Puerto Príncipe y pedir lo propio a la parte haitiana; denunciar el asedio de su embajada con el apoyo del régimen Martelly-Paul, ante la OEA y Naciones Unidas, en vista de que la última organización tiene el control de la Minustah.


El gobierno dominicano podría también reemplazar al veterano sociólogo y escritor Rubén Silié Valdez como embajador en Haití, para enviar a alguien sin ligazón con los funcionarios haitianos y en razón de que lleva ya seis años en el puesto, con lo que aplicaría la reciprocidad por la salida de Cinéas en medio de la crisis.


El presidente Medina podría derogar el decreto que prohibió las deportaciones de extranjeros mientras se llevaba adelante el Plan de Regularización, tomando en cuenta la ley 360 de 1943 que sanciona el ultraje contra la Bandera Nacional y otros símbolos patrios, algo de lo cual se ha acusado a algunos haitianos.


En su primer párrafo dicha ley dice: “Los que con palabras, gestos o vías de hecho cometieran ultraje contra la Bandera, Himno o el Escudo de la República Dominicana serán castigados con la pena de tres meses a un año de prisión y multa…”. Párrafo II: “Cuando el autor del ultraje sea extranjero, será expulsado del territorio nacional”.


La crisis en las relaciones RD-Haití surge en momentos en que muchos dominicanos acogían de buena forma el discurso de rendición de cuentas del presidente Medina el pasado 27 de febrero. Las repercusiones de su mensaje quedaron fuera de las primeras planas con motivo de los sucesos y de la llegada inesperada el sábado del narcotraficante Quirino Ernesto Paulino, tras cumplir una condena de 10 años en Nueva York, lo que tomó de sorpresa a los organismos de seguridad del Estado dominicano.