GasCuando la escuela de Leroy Mwasaru, en el oeste de Kenia, se enfrentó a un problema de aguas fecales, este adolescente y un grupo de amigos se organizaron para solucionarlo. Todo comenzó después de que llegaran los tractores a los nuevos terrenos de la escuela para construir una nueva residencia de estudiantes en la escuela Maseno cerca de Kisumu. Durante las obras tropezaron con las letrinas y el pozo negro de la escuela. Durante las obras, las heces contaminaron un arroyo cercano.


“La comunidad local estaba muy enfadada”, recuerda Mwasaru. “Ese arroyo era la única fuente de agua dulce, y nadie quiere excrementos en su agua”, explica.


En aquel momento, además, la escuela usaba leña para cocinar y los bosques cercanos a la escuela estaban empezando a verse afectados y el suelo a erosionarse por la creciente demanda de la escuela de la madera, y el humo estaba perjudicando los pulmones y los ojos de los cocineros.


A Mwasaru se le ocurrió un plan para resolver el problema: podían emplearse los desechos humanos para alimentar las estufas de gas, así los desechos no contaminarían al río, y no dañarían el bosque ni a los cocineros. Lo diseñó mientras seguía al día con sus tareas y exámenes.


“Había gente que pensaba que no iba a funcionar”, dice Mwasaru, que ahora tiene 17 años. “Se nos ocurrió hacer talleres en la escuela y en la comunidad para convencer a la gente, y la respuesta se hizo más positiva”, recuerda.


En total, llevó cerca de un año crear el “Biorreactor Humano de deshechos”. Durante la fase de pruebas, los estudiantes utilizaron dos tanques – uno encima del otro. Cuando las bacterias reaccionaban con el oxígeno y los residuos, se generaba gas y el tanque superior se elevó demostrando la presencia de biogás.


Se excavaron pozos de almacenamiento y el equipo recogió el estiércol de vaca y residuos de alimentos que se emplearon en la fase de pruebas en lugar de desechos humanos.


La idea del equipo impresionó a Innovate Kenia, que entregó fondos para que los adolescentes adquirieran un digestor, que ayuda con el proceso. El gas producido en el pozo se filtró luego a través de un tubo hacia la cocina, y se empleó para cocinar los alimentos con estufas de gas.


Cuando los adolescentes demostraron que su prototipo funcionaba con estiércol de vaca, comenzaron a utilizar desechos humanos también. Colegas, amigos y maestros de la escuela se benefician hoy del sistema, pero a Mwasaru no le bastó.


“Después de que el prototipo de la escuela funcionara se lo mostré a mi padre, y estaba muy impresionado”, dice Mwasaru. “Le ayudé a construir un sistema similar en casa y ahora lo usa para cocinar”, explica.


Tener seis vacas, y que haya menos seres humanos en su casa, suponía que en la casa se generaba mucho estiércol de vaca, más que gas que se pudiera utilizar. Así que ahora comparten su gas con todo su pueblo, integrado por unas 30 casas.


Según varias investigaciones realizadas la recolección de leña le supone mucho tiempo a las mujeres en Kenia, una tarea que deben realizar tres veces por semana, y cada viaje supone un promedio de ocho horas. Todo este trabajo se ahorra con el sistema desarrollado por este adolescente. “Soy muy feliz por haberles ahorrado esta tardea”, dice Mwasaru.


Aunque esta iniciativa puede ayudar a resolver un problema local, no todo el mundo está convencido de que el biogás sea el camino a seguir. El Investigador Ambiental Rinkesh Kukreja argumenta que los gases del metano extraído en los convertidores de biocombustibles siguen siendo perjudiciales para el medio ambiente, ya que contribuyen al calentamiento de la capa de ozono. También señala otro inconveniente:


“El olor es desagradable y puede atraer plagas no deseadas (ratas, moscas) y propagar bacterias e infecciones”, explica.


Aún así, el sistema de Mwasaru significa que menos árboles deben ser talados. Cuando su reactor funciona con desechos humanos, podría reemplazar hasta 196 toneladas de madera – un beneficio significativo para el ecosistema local.


Se ha avanzado en la extracción de biogás, pero Mwasaru ha vuelto a usar el estiércol de vaca en lugar de los desechos humanos mientras trabajaba en el siguiente paso.


“Cuando la orina se mezcla con los residuos sólidos, el ácido que genera la orina envía hacia abajo los biogases”, explica Mwasaru. “Tenemos que desarrollar una forma más rentable de utilizar los desechos humanos”.


Para lograrlo, el equipo ha diseñado un inodoro que separa los residuos sólidos y líquidos. Aunque es sólo una idea sobre el papel por el momento, el equipo está trabajando con iHub Kenia para desarrollar un prototipo que esperan construir en marzo.


Mwasaru quizá sea una de las personas más jóvenes en producir biogás, pero él no es el primero.


El sistema penitenciario de Ruanda ha utilizado desechos humanos mezclados con estiércol de vaca y agua para reducir los costes de funcionamiento.


Los residuos generados por 8.000 reclusos en la prisión Nsinda se aprovechan a través de un sistema similar al de Mwasaru para llevar gas a las cocinas y ahorrarse el coste de la leña.


Pero Kenia y Ruanda no son los únicos países de África que han encontrado usos para los desechos humanos.


En Nigeria, tres adolescentes lograron inventar un generador de energía que produce suficiente electricidad para estar funcionando hasta seis horas. La fuente de energía: pis.