HambreLa tensión vivida bajo el agobiante asedio de Guta Oriental, no lejos de Damasco, la capital siria, está grabada en los rostros demacrados de las personas que han logrado escapar a un año y medio de bombardeos y de hambre.


En un refugio habilitado por el ministerio de Reconciliación Nacional en Qudsaya, al noroeste de Damasco, Abu Ali, 52 años, cuenta su amarga experiencia.


“Cada día me levantaba al alba e iba con mi hija a buscar entre las bolsas de basura alguna hoja de lechuga o cualquier cosa que nos pudiera aplacar el hambre”, dice Abu Ali, tumbado en un colchón tendido en el suelo, junto a su bastón.


“Cuando trabajaba y podía sostener a mi familia, podía considerarme a mi mismo un hombre, pero ahora no”, dice con voz trémula mientras se seca las lágrimas de los ojos.


Abu Ali recorrió Guta Oriental en busca de algún lugar seguro para su familia. Huyeron de la ciudad de Mleiha a la vecina Saqba, antes de beneficiarse de un acuerdo que permitió la salida de miles de personas de la zona de guerra.


Y llegó a este refugio, que está bajo la supervisión de las tropas del régimen de Bashar al Asad.