MujeresRebecca Samuel debía elegir entre esperar todavía un poco o huir. Ante la amenaza del grupo islamista Boko Haram, optó por irse dejando en la ciudad a su hija Sarah, que quería pasar los exámenes escolares finales. Nunca volvió a verla.


La estudiante fue secuestrada por los combatientes islamistas, cuando en abril de 2014 atacaron la ciudad de Chibok, en el nordeste de Nigeria.


“Lloro todos los días”, dice Samuel, de 36 años, que un año después vive con su marido y sus otros hijos en Abuya, la capital de Nigeria, tras un breve exilio en Camerún.


El 14 de abril, el internado en el que estudiaba Sarah fue atacado por hombres armados de Boko Haram.


Ella y otras 275 estudiantes fueron secuestradas. Cincuenta y siete de ellas lograron escaparse pero no hay noticias de las restantes, entre ellas Sarah.


El secuestro de las estudiantes de Chibok fue el que más portadas acaparó de entre todas las atrocidades cometidas por el grupo desde hace seis años. Pero no es el único suplicio infligido por el grupo islamista a las mujeres y a las adolescentes.